TÂNZANIA – segunda parte

De vuelta al continente en Dar el Salaam y reencuentro con Djambo (con alguna que otra heridita secuela de “fiestas” perrunas). 20140512_1809_Canon5DY programamos subida por la costa de Tanzania para luego meternos hacia el interior. Encontrar gas para rellenar nuestras botellas de “camping gas” no es nada fácil, para los interesados, preguntad en la capital cerca del Safari Inn. Una tienda de un tanzanés con rasgos indios y musulmán os cobrará rellenar la botella de tres litros como si él mismo lo trajese a pie desde Arábia…nos acordamos de su “santa” madre y del cuento de “Ali Babá y los cuarenta ladrones”.

La salida de Dar el Salaam, otra tortura, rumbo al norte llegamos a Bagamoyo, ahora en decadencia, pero fue capital en sus tiempos memoriales, y famoso por la ruta de los esclavos y la entrada de misionarios europeos para la difusión del catolicismo. En el siglo pasado también sufrió bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, fruto del interés logístico por esta ciudad entre alemanes y británicos. Hoy en día, una ciudad tranquila con edificios decadentes cuyo municipio pretende que los turistas paguen una tasa altísima y absurda sólo por pasearse por la ciudad a pie y ver las fachadas de los edificios. Encima a llover a cántaros. Obviamente que nos negamos a esa artimaña turística y nos paseamos en nuestro coche por la ciudad y visitamos a las afueras, el Museo católico y la Misión Católica, donde la iglesia, una vez más araña los shillings a los pocos turistas que por allí pasan. Insistiendo una y otra vez con carteles y a viva voz que no se tira una foto de la fachada sin antes pagar en la Vicaría…enfin. Recomendado comer un “chipati” en el restaurante Poa-poa.

Al día siguiente vamos en dirección a Tanga, más al norte y también en la costa. Las lluvias nos han cortado una carretera de salida desde Bagamoyo a la nacional por lo que tenemos que ir por una pista de tierra alternativa llena de barro y charcos hasta Mlandizi para enganchar con la nacional y llegar hasta Segera Junction. Decidimos ir entonces a Pangani Beach y acampamos un par de días junto a la playa en Peponi Beach Resort. Sitio espectacular y tranquilo para overlanders.

Tras el merecido descanso de dos días con buen tiempo, continuamos viaje hasta Moshi, ciudad en la base del Kilimanjaro y puerta de entrada a las varias rutas de subida a tan mítica montaña. El día está nublado por lo que el monte ni se ve. Nos acercamos a la oficina DHL y tenemos suerte: El CPD del coche acaba de llegar!!!!! Gracias Raquel!! Ahora podremos entrar con el coche en los países vecinos. El famoso camping Honey Badger está cerrado temporalmente, así que acampamos en Key Hotel. Al día siguiente también está nublado y el Kilimanjaro sigue oculto. Aprovechamos una vuelta por la ciudad y una visita al Hospital KCMC, con quien ya habíamos intercambiado algunos e-mails con posibilidad de trabajar hace 3 años. Tras una gran espera para hablar con jefe de Servicio de Urología, éste nos despide rápidamente diciéndonos que es difícil un contrato nacional, que sólo con patrocinio de ONG (imposible). Después de visitar el ala de Urología y consultas, comprobamos la saturación por el gran número de pacientes. Aún así, conseguimos hablar con la Administración y Dirección del Hospital. Pero por increíble que parezca no parecen muy interesados, y cogen nuestros datos para decirnos que volvamos la semana siguiente…ja ja!

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Cambiamos de camping a uno en una de las entradas al Kilimanjaro, el Coffee Tree Campsite (en Marangu, en zona de etnia Chaga de mayoría católica), y nos alojamos en Bungalow barato cuyo cuarto tiene 7 cuadros con motivos de la montaña. Nos informamos de la posibilidad de subir hasta la cima, pero decidimos que solo vamos a hacer un ascenso hasta el primer campamento y volver en el mismo día. Está todo tan organizado que lo mínimo para subir son 5-6 días y por un precio de al menos 1300 USD por persona. Sin duda, es una gran fuente de rendimiento para el país. Lo ha convertido en parque natural y pagas una “pasta” por cada día dentro, además del permiso de entrada, comida, porteadores de comida y ropa, guía obligatorio apesar de estar muy bien definidas las diferentes rutas. Solo la palabra “Kilimanjaro” (montaña blanca en swahili) huele a marketing y a dinero. Hay turistas que vienen desde Europa o otros continentes, no conocen nada de África pero llegan en avión a Moshi, suben a la cima (a veces en grupos tan numerosos que saturan los campamentos) y a veces por el tiempo nublado (casi siempre) ni ven la montaña en medio de la niebla y vuelven a sus países con la gratificación de haber estado en África y en el punto más alto del continente. Este día tenemos suerte y tenemos la mañana con cielo limpio permitiéndonos llegar desde los 2000 hasta 2700 metros altitud y contemplar los 5896 m del Kilimanjaro (con escasa nieve en su cima) y los 5149 m de su vecino Monte Hans Meyer Peak. La sensación es buena pero tampoco para ” tirar cohetes”. Sin duda que hay sitios más maravillosos en África.

20140518_2138_Canon5D 20140518_2393_Canon5DDespués de estos días en la zona, continuamos hacia Arusha, puerta de territorio Masai, y de los grandes parques del Ngorongoro Crater y del Serengueti entre otros. Dejamos Arusha a la izquierda y el Volcán Meru de 4566 m. Y después te adentras en terriotorio masai con grandes planicies y lagos maravillosos. En direción a Karatu y junto a la carretera vemos un grupo de chicas masai ataviadas con sus vestidos morados y adornos de collares en blanco y decidimos parar. En ese momento soy picado por unas abejas en la cabeza y son unas señoras masai que con sus salivas y sus dedos me tirar el aguijón. Y al mismo tiempo nos aparece un chico masai en moto con su padre, jefe de una aldea. En inglés nos dice que está casado con una blanca holandesa y tras una agradable conversa nos invita a una ceremonia religiosa de varias aldeas a donde se dirigen las chicas masai. Nos insiste que no tenemos que pagar nada. Y es extraño porque aquí todo se paga, las excursiones de turistas a poblados masai se pagan todas y no es barato. Pero Enmanuel, que así se hace llamar, nos repite que somos sus convidados y podemos sacar tantas fotos como queramos. Vamos campo a través hasta una aldea donde se reunirán los habitantes de otras vecinas que acuden a pies bailando y cantando. No dábamos crédito a lo que estábamos viendo, metidos en aquella espectacular ceremonia llena de luz, sonido y ritmo de sus famosos saltos masai. Inolvidable. Y sin ningún otro blanco alrededor. Al final de la ceremonia nos invitaron a comer carne cruda de cabrito, pero simulamos que comimos un pedazo y luego negamos educadamente.

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Nos marchamos con nuestro nuevo amigo y su padre que dejamos en aldea cercana y como era tarde para continuar viaje hicimos noche en su Zebra Lodge, modesto negocio montado con su mujer blanca holandesa en el cercano pueblo de Mto wa Mbo, cerca del lago Manyara.

20140519_2531_Canon5D Visitamos el Lago Manyara lleno de flamencos, antes de inciar camino hasta Karatu. Aquí tratamos de todo para poder entrar en el famoso cráter de Ngorogoro, que junto con el Serengueti, son los mejores lugares de Safari en Tanzania. Sólo dan permisos de 24 h, y una simpática pareja de israelitas backpackers (Daniel y Jabel) se apuntan con nuestro coche para abaratar costes. Volvemos a dejar a Djambo una noche más en camping de Karatu, y nos informamos que si queremos entrar en Serengueti (que está mas al oeste) tendremos que dar una vuelta de 700 kms por razón de nuestro perro. A pesar del frio (el cráter está a unos 2000 m), vale la pena y vemos multitud de animales incluido leones. Acampamos en uno de los campings en lo alto del borde del cráter y pasamos quizás la noche con más frío que recuerde en Africa, a pesar de la gran hoguera que hicimos.

Vuelta a Karatu, recogemos a Djambo e iniciamos viaje para poder llegar al Serengueti desde el Lago Vitoria. A pesar del trayecto incierto en nuestros mapas y de las dudas de los locales, nos metemos por caminos de tierra intentando bordear el Lago Eyasi. IMG_7222Paramos en Gorofani, donde conocimos a un grupo de antropólogos americanos que estudiaban las bacterias de las heces de los “Bushmen”, tribus nómadas de esa región que tienen poco contacto con costumbres y alimentación más civilizada. Por esta zona aprovechamos para visitar tres tribus diferentes: los “Blacksmith” que son básicamente herreros, los ” Datonga” que se dedican al ganado y que sus mujeres está llenas de tatuajes, y muy simpáticas, y los “Bushmen” nómadas que cazan con arco y flecha y comen monos ” a la brasa”. Es posible ir con ellos de caza…pero no hay mucha suerte, sólo un pequeño pájaro.

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Continuando por el Lago Eyasi, por paisajes increíbles, y nos adentramos en una zona ” off the beaten road”. Solo nos cruzamos con pastores masai y los caminos de tierra se bifurcan en laberintos. Nuestro GPS no reconoce nada, solo que vamos en dirección suroeste. Y nadie habla una palabra de inglés, solo swahili. Después de perdernos varias veces, nos enteramos que el cruce de un río a unos kms más adelante no es posible por la crecida del rio. Al final encontramos en una aldea mayor (Matale) a un camionero que nos da una lista con el nombre de 10 aldeas que tendremos que pasar para poder llegar hasta una carretera asfaltada que nos guiará a una carretera nacional. El camino, a veces ” de cabras” nos lleva casi todo el día. Finalmente conseguimos llegar a Nzega, en la nacional, donde pasamos la noche en el Gift-Land Bar-Lodge, muy cansados pero contentos por el día de gran aventura.

Desde Nzega continuamos por Shinyanga en dirección al lago Victoria, para después bordearlo en dirección norte hasta Ndabaka Gate, la puerta más al oeste del Serengueti. Acampamos a un Km de la entrada en Stop Over Lodge, donde dejaríamos a Djambo en los dos días siguientes. El Serengueti tiene varias puertas de acceso, pero es un área muy extensa sin vallas, por lo que esa tarde algunos elefantes se aproximaron al camping. En el Serengueti, fuimos en dirección a Seronera, a unos 150 kms al interior y conseguimos ver cientos de ñus en su migración cruzando el río Grumeti. Sin duda el paisaje es increíble y la gran cantidad de animales también. Por la noche en el camping público cerca de Seronera, tuvimos una visita de una hiena que se llegó hasta mi a un metro. Después del chorro adrenalínico, conseguimos dormir con el ruido de fondo de leones cerca.

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Obviamente hay muchos turistas en el Serengueti y cuando alguien descubría un leopardo en un árbol, se conseguían ver casi 15 todoterrenos de compañías de safaris alrededor.con nuestro Toyota blanco con matrícula de Cádiz, destacando en los camuflados jeeps. Hablar de los turistas de safaris, sus comportamientos y ropas…merece un capítulo aparte.

Después de vistar esta ” Meca” de los Safaris nos dirigimos otra vez hacia el oeste para encontrarnos nuevamente con nuestra mascota y continuar viaje, no sin antes tener un pinchazo en medio de la “animalada”.

Al día siguiente bordeamos lago Victoria en dirección Mwanza, importante ciudad tanzanesa junto al lago, sobre colinas de piedras y barrios pintorescos en las laderas. Aprovechamos para una rápida visita antes de coger un ferry hasta Kamanga. 20140524_4160_Canon5DDespués de unos 45 min de travesía, nos vamos despidiendo de los simpáticos tanzaneses en dirección a la frontera con Rwanda. Tras unos 40 kms por interminable camino de tierra, llegamos a Sengerema donde empieza carretera asfaltada que seguiremos hasta localidad de Bwanga donde dormimos en cuarto del peculiar Mponela Lodge. Sería nuestra última noche en este fantástico país.

 

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TÂNZANIA – primeira parte / ZANZIBAR

La entrada en este mítico país africano no es fácil. Nos piden el Carnet de Passage del coche, que nos será enviado a este país por Raquel Vega, una incondicional seguidora de este blog. Tenemos suerte porque el jefe aduanero se levantó con el pie derecho y nos pasa un permiso de importación temporal del coche, después de presentar muchas fotocopias y compramos seguro temporal del coche, que nos serviría también para Rwanda, Uganda y Kenia. Al final casi se tuerce la cosa cuando descubren a Djambo en el coche: más papeladas con tentativa de soborno. Carlos desaparece con los papeles del perro y aparece con todo resuelto media hora después sin pagar sobornos y con un papel amarillo diciendo que el perro se encuentra exportado en este país. Han sido tres horas de frontera. La carretera en buen estado nos lleva por paisajes montañosos y campos de té atravesando en algunos tramos los 2300 m de altitud. Llegamos a Mbeia, principal ciudad de esta región entre el Lago Malawi y Tanganika y seguimos por la principal carretera del país que lleva hasta la costa. Una carretera llena de camiones muy pesados y autobuses nacionales que van como locos adelantando donde y cuando les apetece, “cumpliendo” horarios y arriesgando la vida de los pasajeros. Si realmente quieres aventura en Tanzania, súbete a uno de ellos.

El final del día está próximo y tendremos que hacer noche antes de llegar a Iringa, nuestro próximo destino. Acampamos en Riverside Campsite, cerca de Kitulo NP. Después de salir de la carretera varios kms por camino de cabras, llegamos a una área de acampamento abandonado junto al río. Decidimos por tanto hacer “bush camping”  y dar un paseo junto al río donde descubrimos un poblado de pescadores con las redes a lo largo del río. No hay posibilidad de mucha comunicación, ya que sólo hablan swahili. Apesar del sitio aislado infundir un cierto respeto (hasta el Djambo está desconfiado siempre vigilando los arbustos), la fría noche pasa sin ningún contratiempo.

Camino de Iringa, multa por exceso de velocidad, esta vez de Carlos…imposible de evitar… Son al cambio unos 13 euros. Y por lo que después no enteramos, en esta carretera hay radares nuevos del gobierno, son manuales. O sea, el policía apunta para ti con el brazo extendido como si te fuera a disparar. Hay decenas de controles, casi cada 10 kms, con numerosas poblaciones para pasar a 50 sin saber cuándo se acaba el límite por lo que resulta perfecto para el estado este sistema de recaudación. Para nosotros tedioso porque entre los camiones y los límites de 50, avanzamos poco. En Iringa, damos una rápida visita, registramos nuestras tarjetas SIM en tiendas oficiales, comemos en restaurante local y nos aprovisionamos para dos días en el Ruaha National Park. Por carretera de tierra de unos 85 kms vamos en dirección a Tungamalenga, población más cercana a la entrada del Ruaha. Avistamos los primeros masáis en el camino con sus característicos adornos, paños coloridos y palo atravesado por detrás de la cabeza, sostenido por ambas manos.

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Acampamos en Choleia Camp, a unos 30 kms de la entrada. No hay nadie alojado y los simpáticos encargados nos preparan hoguera y se acuerda que se quedaran con el perro mientras estamos de safari. Al día siguiente entramos en el alba a las 6 de la madrugada, y a pesar de ser una área muy extensa con ayuda de nuestro GPS conseguimos no perdernos y avistar muchos animales incluido dos leones junto a un río. Durante todo el día no nos cruzamos con un solo coche…

Al día siguiente camino de Iringa nuevamente nos invitaron unas masáis a visitar su aldea y tener nuestro primer contacto con los masáis de Tanzania. Continuamos viaje… La dichosa carretera nacional mejora su pavimento a pesar de los pesados camiones pasando por paisajes llenos de baobabs con temperaturas menos frías y a menor altitud. En Mikumi, acampamos en un complejo de unos suizos con motivos alpinos, llamado “Swiss Tam Lodge”. Un sitio muy agradable con cerveza muy fría. Camping con chaparrón de varias horas. Al día siguiente la carretera nacional pasa por el medio del parque nacional, y vimos desde la carretera, elefantes, cebras, muchas jirafas, impalas y ñus.

Después de cogerle el truco a los radares y a las aldeas, llegamos a Dar el Salaam en la costa, y con tan solo una multa en 800 kms. Según otros viajeros son entre 3 y 5 multas en este recorrido. Dar el Salaam es considerada la capital económica de Tanzania, ya que la capital verdadera es Dodoma, en el interior con menor atractivo económico y geográfico. La entrada a la ciudad un auténtico caos circulatorio comparable a las ciudades nigerianas. Tres horas para entrar la ciudad y hacer un desvío para poder llegar al otro lado de la bahía, en la playa Mikadi. Acampamos en Mikadi Beach Lodge, llevado por un simpático chileno con muchas historias encima. Pasamos unos días en este agradable lugar junto a la playa aunque el tiempo no acompañó mucho. El Djambo hizo muchos amigos de cuatro patas, y otros menos amigos. Aquí se quedaría 4 días más junto al coche, mientras visitábamos la famosa e histórica isla de Zanzíbar, icono turístico del país.

Ir a Zanzíbar es como ir a otro país y las autoridades se empeñan en que así sea. Control estricto de entradas, con sello específicos en pasaporte y grandes medidas de seguridad. En el ferry se tiene la sensación de estar atravesando de Gibraltar a Tánger. Gran mayoría musulmana con numerosa mercancía. Después de más de dos horas de travesía llegamos a Stone Town, el núcleo urbano principal. Ya nos han avisado de la gran cantidad de “papasi” que hay en la ciudad y en la isla. Son los negociantes turísticos que te “acosan” para ofrecerse de guía, buscarte alojamiento, paseos, restaurantes, etc. etc…Nuestra táctica, como llevamos dos pequeñas mochilas es andar rápido y hacer pensar que ya conocíamos la isla. Resultado: nos perdimos en la medina, que nos recuerda al laberinto de la medina de Fez (Marruecos). Después de orientarnos conseguimos encontrar alojamiento en “Jambo Guesthouse”.  La parte antigua es laberíntica, y demasiado turística aunque vale la pena perderse un día. Para quien conozca bien Marruecos, quizás no le llame tanto la atención las callejuelas, los mercados, los artesanos trabajando en la calle y las oraciones de las múltiples mezquitas. En general no hay coches y las frecuentes” vespas” son el único vehículo motorizado en la Medina. Aprovechamos para conocer la ciudad que es una mezcla de árabe, africano y asiático, con una fortaleza, un par de museos y vistas desde el paseo marítimo. La comida de Tanzania, una auténtica delicia con gran influencia india y una vuelta por el mercado de pescado y frutas es altamente recomendada.

En la isla hicimos un tour por las plantaciones de las especias, y visitamos una gruta donde guardaban a los esclavos capturados en la zona continental antes de mandarlos para América y Europa. El tiempo nos dio tregua con días de sol y aprovechamos para descansar en la playa de Nungwi, al Norte de la isla. Conseguimos llegar en transporte público, rápido y barato.

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Tres días en Jambo´s Brother, complejo turístico básico junto a la playa y a otros hostales y hoteles. Menos mal que es “low season”. No quiero imaginar lo que puede ser en época alta. Aún así la fama de playas magníficas es bien merecida con puestas de sol espectaculares.

 

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MALAWI: Liwonde, Zomba, Senga Bay; Nkaya Bay – ZÂMBIA: South Luangwa

La entrada en Malawi no supone ningún problema. Sin el Carnet de Passage del coche (que viene de camino por correo), pagamos el TIP(permiso de importación temporal) del coche y los visados en la misma frontera, pero nos dicen que para el seguro del coche tenemos que ir a Balaka, a unos 40 kms, asegurándonos de que la policía no nos molestará si nos para. Nuevo país para Djambo que pasa la frontera discretamente sin ningún control, para nosotros ya es un país visitado hace 7 años. Tras recorrer unos 20 kms por camino solo para 4×4 llegamos al asfalto y paramos en un control de la policía. Nos piden el seguro, que no tenemos aún, y nos intentan sacar dinero diciéndonos que ellos mismos pasan un recibo por una cantidad…ja ja! No nos lo creemos y tras discutir con ellos unos 20 minutos, les hacemos ver que nos están engañando. Hasta que los aburrimos y nos dejan continuar hasta Balaka.

Una vez con e20140420_8031_Canon5Dl seguro del coche, volvemos hasta Liwonde National Park, y nos alojamos en Shire Camp, junto al río Shire y al otro lado del Parque Natural. Con una fría cerveza en mano avistamos los primeros hipopótamos. Al día siguiente hacemos un safari por el río con muchos hipopótamos, cocodrilos y algún elefante. Después de dos horas, el bote a motor avería y nos quedamos a la deriva hasta que el guía consigue que unos pescadores a remo, nos remolquen hasta el punto de origen. Por la tarde entramos en el Parque Natural con nuestro coche viendo más elefantes.

Al día siguiente fuimos a Zomba, antigua capital del país, y ahora principal ciudad del sur. Es una zona de montañas cuya principal atracción turística es subir hasta un planalto “plateau” a unos 1700 m de altitud por una carretera muy empinada. Pasamos el día de trekking de varias horas por las altas colinas que rodean el lago con varias cascadas, y acabando el día los tres exhaustos en el camping de “Paradise Backpackers”. De Zomba fuimos para Senga Bay, a orillas del Lago Malawi, y nos costó bastante hasta encontrar un sitio donde acampar con el perro. En unos, porque no permitían la entrada de perros, en otros porque ya había perros de los dueños y el instinto territorial los volvía un tanto agresivos. Finalmente encontramos uno “dogs friendly” llamado Mufrasa, junto al Lago. Aprovechamos un par de días para pasear por el lago, sin tomar baño por el alto riesgo de Bilharziosis, pero degustando el pescado típico del lago que se llama Chambo.

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Como estabamos relativamente próximos a uno de los mejores y mayores parques de África para ver animales, el South Luangwa National Park, en Zambia, decidimos nuevamente atravesar la frontera. Tras visitar rapidamente la capital de Malawi, Lilongue, y aprovisionarnos en el supermercado, vamos en dirección a la frontera. La salida bien, pero la entrada en Zambia, un poco incomoda: trámites y pagamentos de algunas tasas que no contabamos. Nos quedamos a dormir en Chipata, un camping casi fantasma, llamado Dean´s Hill View Lodge. Al día siguiente, nos dirigimos en dirección al parque. Ya habíamos estado aquí en 2007, y recordamos un duro camino de mucha piedra hasta llegar allí. Felizmente los chinos han construido una maravillosa carretera que nos parece casi una autopista. Nos alojamos fuera del parque, en Croc Valley Camp, un sitio espectacular frente al rio lleno de hipos y cocodrilos. En este tipo de sitios, no dan ni un mapa, por lo que en nuestro safari particular de varias horas, nos perdimos y gracias al GPS conseguimos orientarnos. Pasamos un par de días de camping con Djambo durmiendo en la tienda arriba del coche, ya que no había ninguna protección de verjas y cualquier animal felino podría entrar en el camping. En el safari nocturno organizado por el camping conseguimos ver leones.

De vuelta a la frontera paramos en Chipata nuevamente y acampamos en Mamarula Lodge, de un surafricano. Muy acogedor con su impoluta piscina rodeada de cuidados jardines y su animado bar.

Atravesamos nuevamente para Malawi para ir subiendo dirección norte por el interior, pasando por kasungu. Nunca imaginamos que Malawi tenía montañas tan altas, con carreteras que llegan hasta los 1850 m de altitud hasta llegar a Mfuzu, ciudad más importante del norte. Aquí paramos en un conocido supermercado de origen surafricano “Shoprite” donde encontramos otros overlanders holandeses que bajan desde el norte de África. Tras intercambiar impresiones nos dirigimos hacia el lago Malawi, un turístico sitio llamado Nkhata Bay. Una aldea de pescadores en un bonito paraje al borde del lago. Nos alojamos 3 días en Butterfly Lodge, junto al conocido y frecuentado Mayoka Village. En estos sitios siempre están los típicos malawianos que van de modernos e intentan venderte hasta su madre. Todos comienzan con los mismo:” Hello, how are you? It´s your first time in Malawi? “(Como si los mismos turistas fuesen repetidas veces a Malawi de vacaciones…) Con la excusa de que son artistas, intentan venderte de todo, hasta que al final lo que quieren venderte es la famosa “Golden Malawi”…o sea marihuana. Y en esta intención de comercio sacan su última carta: su hermana o amigas para comercio sexual…Aparte de esto, el lago Malawi es un paraíso paisajístico y de relax. El lago, de agua supe transparente y a unos 600 m de altitud sobre el nivel del mar, invita a los chapuzones y a los paseos en canoa. El peligro es la bilharzia, pero ya tomaremos comprimidos para combatir la supuesta infección.

Rumbo al norte, multa por exceso de velocidad, “teóricamente” íbamos a 64 ms/ hora cuando lo máximo eran 50.Cabreo enorme, porque no íbamos a esa velocidad. Peco de mi falta de paciencia y los mando a la m… Carlos, más diplomático, paga la multa, al final son solo 9 euros. El cabreo me dura unos minutos hasta ver montañas maravillosas en el descenso nuevamente al lago. En Livingstonia nos encontramos a un peculiar viajero, Philip, tirando de una carretilla de dos ruedas con todo su equipaje. Un alemán de veintitantos años que ha decidido hacer un viaje a pie desde el Lago Victoria (Tanzania) hasta Pretoria (Suráfrica).Comenzó hace unos meses y espera llegar en Octubre…”cheers” por este overlander y por sus pies posiblemente llenos de callos. Le damos algo de comida y agua y tras las fotos de rigor continuamos viaje hasta Karonga, en el extremo más al norte del lago Malawi. Acampamos en el Taj Hotel a pocos metros del lago, aunque el agua más turbia y con oleaje no invitaba al baño, aprovechamos el final de la tarde para pasear por la orilla, con las Livingstonian Mountains de Tanzania, al otro lado del lago. Nos topamos con un lugar donde los bici-taxistas, que abundan en esta zona, suelen lavar sus bicicletas con las olas del lago,  y no sólo sus taxis, también sus partes íntimas. Por lo que lucen sin pudor algún sus cuerpos desnudos frente a todos los que pasean por la playa. Curioso. Sería nuestro último día en este simpático y agradable país. A unos 45 kms está Songwe, frontera con Tanzania.

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Moçambique – Zambézia, Nampula, Niassa

Después de dos años en Beira, se siente tristeza cuando por el espejo retrovisor la ciudad va quedando pequeña. Es mucho vivido lo que se deja. Por otro lado, también es mucho lo que nos llevamos y nos espera una nueva aventura africana, esta vez por el lado este y con un elemento más en el coche, nuestro querido Djambo.

Comenzamos en la región centro del país, Sofala y seguiremos dirección Norte. Después de la terrorífica carretera hasta Inchope, nuestra primera parada obligatoria es Casa Msika, a unos 40 kms después de Chimoio. Lugar de muchos fines de semana con amigos y con el mejor pescado del embalse Chicamba, llamado Pende, servido en el restaurante al pie de la piscina. Cumple con la regla de las tres “B”: bueno, bonito y barato. Dos días para relajar y entrar en ritmo. Continuamos viaje bordeando monte Gorongosa hasta llegar a Caia en el rio Zambeze donde aprovechamos para descansar (en Mozambique viajar por carretera se cuenta en horas, no en Kilometros) y hacer noche en el camping de Cua Cua Lodge. Por la tarde dimos una vuelta por la ribera del grandioso rio y tener un contacto con los moradores de aldeas cercanas.
Al día siguiente continuamos viaje por la región de Zambezia, con mejores carreteras, y nos salimos de la nacional después de Mocuba, en dirección a Gurue, famoso por sus montañas altas y plantaciones de té. A pesar de un tiempo frío y a veces lluvioso, nos quedamos por la zona tres días haciendo un poco de trekking y paseos entre paisajes deslumbrantes. Es difícil encontrar un camping, porque el único sitio adecuado son los jardines de la Iglesia del padre Marcos y éste no nos deja acampar porque dice que nuestro perro se comerá las flores (?). Encontramos un hostal abrigado, llamado Jessica, cuyo simpático dueño, feligres del padre Marcos, nos permite estar con el perro y sin flores. Muy básico, pero acojedor, y es así…a veces la iglesia Católica sorprende…
Nos dirigimos posteriormente a la región de Nampula, ya conocida por nosotros y acampamos en Montes Nairuco a unos 20 kms de la ciudad que da nombre a la región. Otro sitio idílico. Un complejo turístico que se llena los fines de semana, con un lago con cocodrilos, entre montes de roca pelada de color gris. Nos avisan que tengamos cuidado con Djambo, porque hace tres días uno de los perros del dueño, fue devorado por un cocodrilo mientras bebía en la orilla del lago.
Continuamos viaje hacia la costa, a Nacala donde nos espera nuestro amigo Amilcar y su mujer Zarina. Ellos viven habitualmente en Beira pero están de vacaciones en su casa de Nacala. Nos acogen muy hospitalariamente en su casa durante tres días, después de intentar sin éxito, encontrar un lodge para acampar. Vamos a tres posibles con la negativa de tener a Djambo. En alguno de ellos, como el Libélula Lodge (con perros, a parte del manager), donde ya habíamos acampado hace unos años atrás, no nos dejan porque los perros tienen su territorio, y seria “complicado” con el nuestro. Incluso queríamos hacer “diving” y no es posible por una semana, sin muchas explicaciones. Así que puntos negativos para este lugar. De cualquier manera, las playas de Nacala y Fernão Veloso se han visto invadidas por un “boom” urbanístico sin ley, donde ya es difícil un pedazo de playa para tomar un baño. La punta de Fernão Veloso está ocupada por un horroroso centro turístico todavía sin inaugurar, que ha destruido gran parte de la arboleda y de la playa. Un hotel de un italiano con ideas delirantes “Gaudianas”, que ha destrozado este maravilloso paraje. Nuestros amigos mozambiqueños nos invitan a pasar el día en el Nuarro Lodge, a unos 80 kms de Nacala dirección norte, donde hacemos un espectacular buceo y buen día de playa con almuerzo “langostero”.

Después de 3 días nos despedimos de nuestro querido amigo Amilcar y su mujer y continuamos viaje hasta la cercana Ilha de Moçambique, un lugar lleno de historia. La isla dá nombre al país, y está comunicada por un puente sobre el mar de 3 kms de longitud. Mantiene una arquitectura colonial de siglos, con la capilla católica de origen portuguesa más antigua de África, así como su fortaleza de São Seabastião. Un sitio mágico, de gran influencia oriental y musulmana, reducto de haber sido un punto clave del comercio marítimo de hace siglos, en la ruta hacia Asia. Pasamos dos días en la isla, el primero acampamos en la playa justo antes del puente, Casuarina Camping, un sitio agradable reabierto por una mozambiqueña hace poco meses con muchas ganas de salir adelante. La segunda noche la pasamos en la isla, haciendo camping salvaje junto al mar, en el césped de las traseras de una famosa tienda de decoración y a dos metros del agua. Durante estos días en la isla, paseamos por el restaurado pontón, callejuelas de los diferentes barrios, admirando a grandes y a pequeños por pasear con correa a nuestro Djambo. A veces se formaban grupos enormes que nos acompañaban coreando su nombre.
Tras dejar la famosa isla fuimos visitar la aldea de Cabeçeira Grande, con su iglesia secular restaurada (Iglesia de los Remedios- siglo XVI) y Cabeçeira Pequena con su famoso pozo donde en tiempos de los descubridores, Vasco de Gama solía buscar agua para beber desde la Isla de Moçambique. Acampamos en la linda playa de Chocas, en el complejo La Carrusca. El restaurante de este famoso complejo anuncia con una foto de un Rotveiller furioso mostrando los dientes y casi babeando sangre, que los perros no son bienvenidos.(una más).curiosamente son los sitios cuyos dueños son de origen indiano y religión musulmana donde rechazan más a los perros, un animal considerado “aramo”, o sea “no deseado”…enfín ellos se lo pierden… este tipo de empresarios de Lodge con áreas de camping deberían conocer durante un tiempo un camping surafricano o namibiano para darse cuenta de lo que significa y la calidad de las áreas. Al día siguiente, decidimos contratar por poco dinero un pescador y su barco a vela típico de esta zona, llamados “Dhow”, para pasar los tres el día en la isla de Sete Paus, a unas millas de la costa con aguas increíblemente transparentes y cálidas, un auténtico paraíso. Pasamos un día más de camping en la playa fuera de La Carrusca cuyo camping prácticamente no tiene condiciones. El camping improvisado nos proporcionó un cielo de estrellas y una luna llena para despedirnos del Indico (de momento)…En estos días supimos que un puente cerca de la frontera con Tanzania había caído por un temporal de lluvias y tardarían meses en arreglar, así que sólo teníamos una opción: ir en dirección al interior y salir de Mozambique hacia Malawi.Así que volvimos a Nampula, en Montes Nairuco y coger por carretera que actualmente están asfaltando, en dirección hacia Cuamba, pasando por Malema, unos 300 kms tierra adentro.
En Cuamba también es una odisea encontrar sitio para acampar, solo hay hoteles caros y moteles con cuartos de dudoso uso a la hora. Pero por motivo del destino y gracias a la dueña de un restaurante de origen indiano, Rovina, conseguimos inicialmente acampar en las traseras de su casa. Muy simpática y tras insistir tanto, acabamos por dormir los tres en camas improvisadas en el salón de su casa. Su extrema hospitalidad y simpatía solo se vió ensombrecida por el hecho de que su hermano menor intentara robarnos en su propia casa abriendo mi mochila, sin conseguir llevarse nada. Casualmente la casa compartía edificio con la sede del principal partido del país y actual gobernante. Todo se pega…
Al día siguiente atravesamos la frontera en un sitio no habitual, Entre Lagos…por ahorrarnos unos 100 kms, también sufrimos el camino dificultoso de los últimos kilómetros entre plantaciones de tabaco. Y con ayuda del GPS llegamos a la frontera. Como es poco transitada, la salida es rápida y la entrada en el otro país también. Cambiamos dinero como siempre a los “dealers” de la frontera y nos despedimos de nuestro querido país que fue nuestra casa durante más de dos años. “Adeus Moçambique”.y “Welcome to Malawi”.

 

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MOÇAMBIQUE: Hospital Central da Beira

Describir dos años de trabajo como urólogos en el Hospital Central de Beira en dos líneas es imposible.

 

No fue fácil conseguir un contrato de trabajo con el Ministerio de Salud mozambiqueño, ya que nuestro gran enlace que “trató” de todo nos falló completamente  tuvimos que comenzar desde cero, a nuestra llegada. Y por increíble que parezca, un país de más de 20 millones de personas y solo 3 o 4 urólogos nacionales, no tenía ningún interés especial en beneficiarse a través de un contrato local y muy básico, de dos urólogos con formación europea, con sentimiento humanitario y solidario, y con muchas ganas de trabajar y tratar al desamparado pueblo mozambiqueño. Pero fue gracias al Dr. Caetano Pereira en Maputo y sobre todo al Dr. Helder Miranda en Beira (conocedor de nuestro trabajo voluntario de 9 meses en 2007) quienes aceleraron el proceso de contratación para el Hospital Central de Beira.

Nuestro inicio no fue fácil, encontrar casa (con precios de alquiler de apartamentos básicos absurdamente más caros que cualquier capital europea), pagar permiso de residencia (D.I.R.E.) cada año a nuestra cuenta (400-500 euros) y otras burocracias.

Un Hospital público con enormes carencias de infraestructura, medios técnicos y paupérrima formación de la gran mayoría del personal sanitario. Un Hospital en una ciudad de 600 mil habitantes y referencia de toda la zona centro del país, con un Servicio de Urología con un ala de internamiento que triplicaba en pacientes su capacidad máxima y solo un urólogo local. Pacientes en los pasillos, a veces compartiendo camas, listas de espera quirúrgicas y de consulta de varios meses. Además de un Servicio de Urgencias caótico y mínimo protocolo de orientación.

Pero aquí llegamos, y aquí hemos intentado en estos dos años hacer todo lo posible, o casi imposible, trabajando de una manera europea, que muchos aplaudían y también otros muchos no entendían. Una lucha diaria en quirófano, consulta y enfermería contra un sistema sanitario desganado y con pocos recursos, fruto del desinterés general del propio gobierno por los hospitales públicos y centros de salud del país. Un sistema sanitario que se apoya en la “cooperación” de especialistas médicos de Corea del Norte y Cuba, la mayoría de dudosa formación, que trabajan en periodos de 2 a 3 años como misión mal llamada “humanitaria” y mejor “económica”. Un sistema sanitario, que en muchos medios rurales, se basa en el curanderismo y las creencias religiosas, que atrasan en muchos casos el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.

Y de momento, dejamos este hospital y este país con la recompensa profesional y personal de haber tratado a muchos pacientes con grandes carencias sociales, sanitarias y económicas. Trabajando con el máximo respeto y calidad profesional posibles. También hemos aprendido mucho, con operaciones complejas y muy variadas. Hemos aprendido que la capacidad física del hombre africano frente al límite de las enfermedades es inagotable, y  la actitud casi indiferente frente a la muerte es equiparable al del inicio de la vida. También hemos aprendido a hacer mucho con poco, y a leer en la mirada de aquellos pacientes que solo hablan en dialectos casi incomprensibles para nosotros, su satisfacción y agradecimiento por nuestra ayuda. Sin duda, este tiempo de trabajo en este hospital queda dedicado a ellos, a los que trabajan la tierra de sol a sol, a los que viven en chozas, a los que recorren kilómetros en busca de agua, a los que de una manera marginalizada subsisten con lo que mínimamente producen.

Decimos un “adeus” a Mozambique, con la esperanza de que los políticos mejoren las condiciones humanitarias y sanitarias del pueblo mozambiqueño, y  de que algún día podamos colaborar aunque sea puntualmente con este Hospital, que tantas satisfacciones nos ha dado.

 

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MOÇAMBIQUE – Praia Nova (Sofala)

As praias da cidade da Beira, apesar de limpas, apresentam por vezes a água turva, dependendo das variações da maré. Deve-se aos rios que desaguam na sua foz, trazendo águas “barrentas” do interior da Savana. São sobretudo o Pungué e o Buzi.

Para descobrir as praias fascinantes do Indico, nas proximidades da cidade, é necessário percorrer alguns km por uma picada, nem sempre em bom estado, em direção ao norte. Foi assim que descobrimos a Praia Nova. O caminho apresenta algumas barreiras naturais, sendo a principal o rio Savane, que em tempos de chuva aumenta o caudal e a população de crocodilos, impossibilitando a sua travessia. Foi por essa razão que iniciaram a reconstrução de uma ponte que facilitará o acesso. Esta obra “eterna”, nunca mais finalizada,  já obrigou o retrocesso de muitos convencidos de pisar o seu novo tabuleiro. Implicação: só na época seca, se consegue disfrutar deste paraíso, ainda desconhecido.

No final da picada, o acesso a esta praia implica percorrer alguns km em areia fina e quase movediça, obrigando á diminuição da pressão dos pneus e ao seu inverso na partida.

Foram várias as idas a este local tranquilo e paradisíaco, longe dos barulhos da cidade e da confusão do trânsito. De início sozinhos, acampando entre as dunas, depois com amigos, rapidamente se tornou um local de bons fins-de-semana em boa companhia, com campismo e boas conversas na escuridão da noite. As características das marés proporcionam um bom palco para os aprendizes de kite (Pablo) com um instrutor á altura (Alex).

Tentando preservar a imponência de algumas dunas, o percurso de 4×4 pela praia (atividade preferida do Dennis) até ao antigo farol em ruinas, de onde a vista para a savana ou o mar é extensa e fabulosa, passa por um pequeno aglomerado de pescadores, a maioria vindos de Quelimane que aí aplicam as práticas da pesca com rede, desde pequenas canoas de madeira.

Houve um momento de grande susto e fadiga, pelo desafio das forças da natureza, que marca na memória a Praia Nova, tanto como todos aqueles fabulosos momentos de relaxamento e descontração.

E as variações da paisagem deste local, provocadas pelas diferentes forças das marés torna cada viagem diferente da anterior, e faz querer voltar!

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MOÇAMBIQUE – Parque Nacional da Gorongosa

GNP

Apesar de estar localizado a uma distância aproximada de 3 h da cidade da Beira, o planeamento da ida à Gorongosa implica sempre uma noite de campismo, em Chitengo, a aldeia que dá acesso a este fabuloso parque, ex-libris da região de Sofala e quem sabe de Moçambique.

Com cerca de 4000 km2 de extensão, este parque tem uma variedade paisagística invejável, com o vale do rio Pungue e uma serie de montanhas e planaltos que tornam a sua paisagem digna de repetidas visitas. É no monte Gorongosa com cerca de 1860 metros de altitude que nascem os rios que irrigam a região, tornando-a tão rica e variada em ecossistemas. da ida à Gorongosa implica sempre uma noite de campismo, em Chitengo, a aldeia que dá acesso a este fabuloso parque, ex-libris da região de Sofala e quem sabe de Moçambique.

Sexta-feira é o dia dos preparativos de camping no meio da savana e dos seus animais. Mantimentos necessários, bom acompanhamento para a fogueira noturna e o material fotográfico necessário para captar algumas cenas de vida selvagem. Da Beira a Inchope, o cruzamento com a estrada principal do país (N1) são 135 km. Uma via em contínua reparação, aliás uma reparação de qualidade nitidamente má, manifestada pela quantidade de novos buracos no asfalto que aí se encontram a cada passagem. Em Inchope gira-se á direita, até ao desvio para o Parque Nacional da Gorongosa, aproximadamente 60 km de uma estrada meio remendada, onde também abundam os buracos, que servem para dificultar a viagem dos automobilistas. Os últimos 28 km até Chitengo, através de uma picada estreita, pelo meio da savana, fazem-nos sentir no parque e a atenção já se perde no meio dos arbustos tentando vislumbrar algum animal selvagem.

As características geográficas desta área selvagem fez da Gorongosa um dos melhores e mais ricos parques naturais, em termos de fauna e flora, de África austral, mas a longa guerra civil com palco nesse fantástico cenário dizimou uma larga percentagem dos animais aí existentes. Recordo-me em 2007, numa primeira visita a este parque que na receção, junto ao campismo existia uma pilha de sucata constituída por inúmeras armadilhas de ferro oxidado e rolos de arame farpado, usados por caçadores furtivos nesse período sangrento de Moçambique.

Desde 2004 que o milionário Carr e a sua fundação assinaram um acordo de recuperação do parque, tendo como objetivo não só a manutenção da rica flora existente, como a reintrodução de algumas espécies, bem-sucedida com búfalos e bois-cavalo (gnous). O projeto estendeu-se às comunidades vizinhas, com projetos de ecoturismo, que têm sido de enorme utilidade para os habitantes da região.

O parque de campismo em Chitengo, recentemente reabilitado, pelo grupo Girassol melhorou as suas condições, melhora essa acompanhada pela subida dos preços, que torna quase proibitivo consumir uma simples Manica no restaurante existente. Está bem equipado com uma piscina frequentada por babuínos e facoceros (warthogs), que lembram os banhistas que estamos no meio da savana, assim como com uma área de campismo e bungalows diferentes, de acordo com os diversos gostos e o distinto peso das carteiras.

Na entrada recolhemos o mapa, ou melhor a fotocopia cedida com as picadas abertas naquele momento ao público equipado com um todo-terreno. São caminhos estreitos, irregulares, moldados pelas chuvas prévias que vão passando por clareiras e pequenas lagoas onde se avista a fauna existente. Quanto mais cedo se inicia o safari maior a probabilidade de um encontro com os animais. Abundam antílopes, palancas, waterbucks, kudus, impalas, cabritos-vermelhos e até os raros Inhalas. Búfalos apesar de raros, encontram-se misturados com os abundantes facoceros, que correm de cauda empinada.

Neste parque, um local obrigatório de passagem é o rio junto à picada 5 onde abundam aves de pernas longas ao lado de crocodilos e macacos sedentos. Esta picada conduz á casa dos leões. A mítica casa dos leões assim chamada pela abundância destes felinos nos tempos áureos do parque. Agora a sorte precisa de acompanhar o turista para que se consiga avistar um dos cerca de 40 leões existentes. Em 2007 avistamos entre o matagal duas pequenas crias fugitivas que se perderam na savana, sem deixar rasto. Sim existem leões na Gorongosa!

A planície junto á casa de leões serve de largo pasto aos antílopes nomeadamente waterbucks, que se espantam com os 4×4 em passagem, mirando-os com uma atenção momentânea, quebrada de imediato por uma fuga rápida para longe do predador.

As aves são uma das atrações da Gorongosa, abundando cerca de 500 espécies diferentes. Junto aos rios os crocodilos e os hipopótamos são avistados longinquamente, vivendo tranquilamente neste paraíso natural, em que o principal predador continua a ser o caçador furtivo.

Um outro local famoso, desde os tempos coloniais é o miradouro dos hipopótamos. Chegando pela picada 11 encontra-se a ruina do que foi um bar em frente a um grande lago, que na época das chuvas estará repleto de crocodilos e hipopótamos. O local ideal para esticar as pernas depois de algumas horas a conduzir pelas picadas esburacadas do parque.

É também uma área preferida dos elefantes. Algumas vezes comprovamos a veracidade da expressão “Memória de elefante”. Dizem os conhecedores destes paquidermes que têm lembranças da época de guerra, sendo a justificação da agressividade dos elefantes da Gorongosa os anos de guerra sangrentos, vividos pelos mais velhos elefantes deste parque. Assustam-se e assustam os turistas, quando surpreendidos pelo barulho de um motor. É necessário desligar o carro, sossegar e deixar a manada passar, sem nunca ameaçar as pequenas crias existentes, caso contrario teremos que enfrentar uma progenitora furiosa.

Numa das últimas visitas o encontro com elefantes foi magnífico. A certa altura avistamos entre uma vegetação de palmeiras curtas e frondosas uma manada de elefantes. Eram cerca de 20 paquidermes chefiados por uma fêmea com um ar duro manifestado por uma das presas partidas, quase ausente. Esta fêmea ao sentir a presença humana, ou melhor do carro levanta a tromba e vira-se na nossa direção, mantendo o olhar e a atenção todo o tempo que permanecemos parados. Queríamos seguir mas isso implicava uma certa aproximação que poderia não ser bem aceite pelo animal. Deve tentar-se sempre ficar na direção contraria ao vento de forma a não sentirem o nosso odor, mas naquele lugar estreito era impossível. Urrava e mantinha as orelhas em movimentos repetidos e furiosos. Percebemos que estava aflita e decidimos seguir em frente, dado que a marcha atrás era quase impossível, senão mais perigosa. No momento em que o carro realmente passa ao nível da manada esta fêmea sai disparada do meio da vegetação, com a cabeça inclinada e as orelhas para trás, em sinal de ataque iminente. A velocidade que alcançamos afastou-nos no caminho estreito e reparamos que o elefante tinha parado, ocupando quase toda a picada.

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Permaneceu de orelhas erguidas, enquanto todo o resto da manada passou por trás dela, com as pequenas crias em passos rápidos atravessando a estrada para uma clareira do outro lado. Não nos tínhamos apercebido que era um local de passagem dos elefantes e quase fomos surpreendidos no conflito homem-animal, tão falado nesta região. Já a salvo estivemos horas a observar a manada, em banhos de lama e terra mais húmida que usam para refrescar a grossa pele. Fabulosos seres vivos do admirável Mundo!

A floresta de fever trees é um outro local fantástico deste parque. É um imenso bosque de árvores de troncos amarelos e com escassa folhagem que se perde de vista, dando a impressão de se estar num bosque de fantasia. Os babuínos são os principais habitantes desta zona, subindo em movimentos ágeis os troncos das fever trees.

Depois de um dia de passeio pelas picadas é altura de relaxar no campismo, preparando uma fogueira, assistindo ao cair do dia e surgir da noite com os ruídos animalescos característicos. O dia seguinte começa bem cedo, para o safari ser proveitoso!

O regresso a casa, pela mesma via cruza obrigatoriamente a ponte sobre o rio Pungue, local de paragem quase obrigatória para contemplar a fabulosa paisagem, assim com a atividade debaixo da ponte dos simpáticos moradores da zona.

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