NAMIBIA: Cunene River – Epupa Falls – Opuwo – Etosha National Park – Skeleton Coast (14 – 23 Dezembro)

Atravesamos la frontera más tranquila del viaje, sin corrupción alguna y todo en regla. Inmigración, aduana y control de policía en el mismo edificio y mostrador, con trato excelente y educado. Pagamos 22 euros por ser coche extranjero y sin necesidad de visados. Tenemos la sensación de entrar en otra África con  cambio de idioma (aquí se habla inglés y afrikáners) y conducción por la izquierda. Justo en la frontera, damos un salto a las cascadas de Ruacana del rio Kunene que desde aquí hasta su desembocadura en el Atlántico, hace de frontera entre Angola y Namibia.

Rápidamente nos damos cuenta de las grandes diferencias con Angola. Aquí hay turismo tanto namibiano como internacional, sobre todo de Alemania e Italia. Hay áreas de camping acondicionadas por la mayoría de los sitios y los Lodges también abundan para los bolsillos más adinerados. Todo nos parece más “organizado”, bidones de reciclaje con diferentes colores, carreteras y pistas bien señalizadas. En cambio, el combustible es más caro, aproximadamente 1 euro/ litro de diesel (nos acordaremos varias veces de los 31 céntimos / litro de Angola), y gasolineras con fast food. Aparecen las primeras cosas “lights” en todo el viaje y hasta la Cola Zero, así como los “souvenirs”. También nos damos cuenta que los namibianos de color son muchos de ellos obesos y de los blancos mejor ni hablar. Aquí no hay mujeres vendiendo en mercadillos improvisados por las calles ni en los cruces de los caminos. Tampoco se encuentra fácilmente un restaurante para lugareños, donde almorzar, comer sus comidas locales o charlar bebiendo una cerveza como en todos los países africanos francófonos o lusófono. Será que la antigua colonización alemana o el “boom” turístico de Namibia ha cambiado los hábitos culinarios y culturales de esta parte de África? Los platos locales a base de harina de maíz, mandioca, trigo…que se encontraban en los otros países son ahora salchichas con varios nombres, patatas fritas, y carnes con muchos tipos de salsas. Incluso los habitantes locales no parecen tener la alegría propia de los africanos. Eso sí, en contrapartida, casi no ves un papel en el suelo en todo el país.

Vamos en dirección a Epupa Falls, en la región de Kaokoland. Seguimos por pista de tierra el curso del rio Kunene por la margen sur, con numerosos campings y lodges. El otro margen del rio es Angola, solo un paisaje espectacular, deshabitado y salvaje. Subimos en el coche a una lugareña que la llevamos durante 35 kms, nos cuenta que en el río hay muchos cocodrilos, mejor no bañarse en él. En el camino nos cruzamos con muchas mujeres y hombres Himbas. Ellos, algunos en moto. Y ellas, completamente tribales, y alguna  hablando por el mobil. Se ve la diferencia con los muchimbas angoleños, que son de la misma tribu divididos por la frontera.  Es tarde y  acampamos en el Kunene River Lodge,un lugar privilegiado con piscina, junto al río. Cada espacio está dotado individualmente de barbacoa, luces, enchufes y fregaderos. Un lujo para lo que estábamos habituados en el viaje. Welcome to Namibia! Compartiendo espacio con dos “baranos” (lagartos de metro y medio) inofensivos.

Al día siguiente llegamos a Epupa Falls, tras los 160 kms de pista de tierra por camino interior más largo pero más rápido que por la margen del rio.

Muchas aldeas himbas salpicadas en el camino, con pastores himbas a la sombra de las pocas acacias, cuidando de los rebaños de cabras, vacas y burros. La sabana cada vez más árida, con numerosos cauces de ríos secos, y mucho calor en un día sin una nube en el cielo. Paramos en varias aldeas y contactamos fácilmente con las mujeres himbas que dentro de las chozas, conversan, muelen cereales o preparan la crema roja con la que embadurnan sus cuerpos y cabello, mientras que los niños juguetean con nosotros, los blancos, que les llamamos mucho la atención. Agradecemos su hospitalidad dándoles comida como arroz, pasta o azúcar.

Llegados a Epupa, acampamos nuevamente junto al rio kunene, en el Omarunga Lodge. Del lado izquierdo una nube de agua pulverizada indican los 800 metros de largo de las cataratas. Más arriba en el curso del rio, nos cruzamos con un grupo de mundimbas cargados con muchos atrezos en la cabeza. Van con un señor que habla portugués, y nos explica que van rio arriba para intentar cruzar a Angola donde pasarán las semanas de navidad. Mientras al lado, un pequeño cocodrilo descansa al sol en la orilla del río.

Aprovechamos dos días para disfrutar del magnífico paisaje, un auténtico oasis transfronterizo y un paraíso para los amantes de las aves. Desayunando, llegamos a contar 7  especies diferentes en el mismo espacio. Aprovechamos para relajarnos en la piscina y hacer senderismo por la zona para ver las cascadas desde varios puntos. Un sitio que merece la pena visitar, con una puesta de sol indescriptible.

En los siguientes días, de camino hacia Opuwo nos paramos en otra aldea himba. Una de las mujeres había parido hace pocos días y da de mamar a su bebé.

Opuwo es la localidad más importante de esta región, donde se juntan las tribus mundimbas, himbas y las herero. Estas últimas, con sus ropas de la época colonial del siglo XIX y característicos sombreros. Parecen que van disfrazadas. Un contraste de tribus, ya que las herero van vestidas desde el cuello hasta los pies con ropas coloridas y pomposos tocados en la cabeza,  y las himbas semidesnudas con el característico color de sus pieles.

A partir de aquí es una carretera asfaltada en dirección al Etosha National Park. Un solo control de policía, completamente inocente, sin la más mínima intención corruptiva.  Nos desviamos hacia Kamanjab, una localidad en las proximidades del parque. En el camino avistamos cebras, kudús, impalas, jirafas y facoceros, animándonos la monotonía de la carretera. En Kamanjab acampamos en  el Oppi-Koppi, otro camping con bungalows, dirigidos por una familia de belgas asentados en Namibia. El trato excelente y las zonas comunes impecables. Y nos informan que no tenemos que pagar el alojamiento por ser overlanders  y con dos bebidas gratis. Nos tiran una foto junto al coche para el álbum de overlanders que tienen en la recepción. En el patio abierto del restaurante tienen una cría de gacela y otra de cebra que andan a sus anchas y se dejan acariciar por los clientes, además de gallinas salvajes y gran diversidad de pájaros que picotean comida junto a la piscina. Un sitio inolvidable para nosotros donde nos quedamos un par de días.

Salimos en dirección a Outjo a unos 150 kms por carretera asfaltada y casi sin nadie. Allí nos abastecemos de comida y bebida para los días de Etosha. Continuamos en dirección a una de las entradas del parque, Okakuejo.

Acampamos en El Dorado, una granja  de una familia de cazadores, con bungalows y área de camping, a pocos kilómetros de la puerta del Etosha. La recepción es  un salón lleno de animales salvajes disecados. El dueño nos dice que a veces tienen que abatir animales salvajes que salen de la zona protegida del Etosha. Le pregunto por las alambradas, y me responde que esto es África…Cuando un león aparece por las granjas las pérdidas económicas en los rebaños es altísima. Parece que no tiene reparo en cargarse a uno. En una zona alejada de la granja, vemos que tienen a tres guepardos en una zona electrificada, y también a dos leopardos que capturaron en los últimos meses. No nos dejan claro el motivo de sus capturas, ni el futuro de estas preciosidades.

 Dormimos en el camping con un cierto recelo por la proximidad de tanto carnívoro y  pensando en la frase del granjero cazador:”esto es África”…

En los siguientes días, acampamos dentro del Etosha National Parkl, desde la puerta hasta el camping a unos 20 kms de la puerta, ya nos cruzamos con jirafas, impalas, kudús y orix. El parque es enorme, unos 250 kms largo por unos 60, alrededor de un enorme lago seco de tierra blanca (“White pan” es el significado de Etosha). El lago parece un desierto blanco sin fin que se llena de agua en la época de las lluvias.

En los dos días de Etosha hacemos safari con nuestro propio coche, hacemos kms y kms por caminos  de tierra entre la sabana. A pesar de momentos de lluvia conseguimos ver jirafas, tres leones en una zona y en otra zona, una manada de 8 leonas. Así como numerosos chacales, gran cantidad de diversos pájaros y muchos avestruces. Una de las escenas más impresionantes fue una manada de chacales comiendo los restos de una cebra muerta.

 Al día siguiente fuimos con nuestro GPS a la zona donde habíamos visto la escena de chacales comiendo y no había un resto de la cebra. Posiblemente también habían contribuido las hienas. No conseguimos ver elefantes, a pesar de que insistimos en la búsqueda haciendo muchos kilómetros. Pero sí, muchas jirafas que se nos cruzaban  en medio del camino y un guepardo hembra con dos crías descansando después de haber cazado y devorado un impala.

Es lo que tienen de fascinante estas grandes áreas de reserva en África, todo depende de la suerte y la casualidad, ya que a cada momento las escenas cambian. Puedes ver un avestruz que se te cruza con 10 crías entre sus enormes patas y dos minutos después pasar otro coche por el mismo sitio y no ver nada.

Después de los días de safari, viajamos  en dirección al Oeste, a Korhixas por carretera bien asfaltada. Como otras ciudades en Namibia, es una pequeña ciudad  con dos calles. Namibia tiene solo 2 millones de habitantes, tal vez con el índice de natalidad más bajo de África. La escasa vida en las poblaciones se concentra alrededor de la gasolinera y del único supermercado. No hay ese bullicio propio africano de gente andando de un lado para otro, como en otros países. Continuamos viaje después de comer inevitablemente hamburguer y patatas fritas. Cogemos por pista de tierra unos 40 kms para ver un paisaje de árboles petrificados de millones de años, en medio de Welwitchias, las plantas carnívoras del desierto que solo se encuentran aquí y en Angola. Y continuamos viaje hacia la costa, por paisajes cada vez más áridos y desérticos. Vamos en dirección del Skeleton Cost National Park.  En medio de la nada recorremos montañas maravillosas y vemos animales salvajes en medio del camino, como una nube de impalas que despavoridas se nos atraviesan estrepitosamente delante del coche, huyendo no sabemos de qué. Son decenas de kilómetros sin cruzarnos con un solo coche. Parece que vamos al fin del mundo. Pero llegamos a  una cancela cerrada en medio del desierto. Es una de las dos entradas al parque, SpringbockWasser y a esta hora de la tarde está cerrada. Solo abren al día siguiente a las 7 de la mañana para asegurarse que los coches no tengan que conducir de noche por una de las zonas más inhóspitas del planeta. Acampamos en la puerta, sin más nadie en la zona excepto una familia, posiblemente los únicos en muchas decenas de kms alrededor. Nos alegramos de pasar la noche en absoluta oscuridad con una bóveda infinita de estrellas y rodeados de un paisaje tan virgen.

Al día siguiente conseguimos un permiso en la misma puerta para entrar y vamos en dirección a la costa, parando inevitablemente para fotografiar los paisajes. Estamos en vísperas de Navidad y queremos encontrar un sitio confortable. Pensamos que Torra Bay, en la costa, podría ser, pero cuando llegamos se trata de una zona de acampada en una costa que bien puede ser la de la muerte. Dunas y desierto de un lado, y mar de aguas congeladas con mucho viento del otro. Son las corrientes frías de Benguela que suben desde la Antártida. Torra Bay es un lugar indescriptible, parece una estación de investigación del Polo Sur. Un auténtico acampamento de blancos namibianos y surafricanos, aficionados a la pesca con cañas desde la desapacible costa. Torra bay es un conjunto de tiendas y lonas para protegerse del gélido viento, formando una pequeña aldea, hasta con calles, que solo existe dos meses al año, diciembre y enero, coincidiendo con las vacaciones locales. Y coches 4×4 con un frontal lleno de cañas colocadas en vertical formado un abanico abierto. Un pequeño comercio muy básico, es la única estructura de cemento, y abastece este acampamento temporal. Simplemente no hay turistas. Solo gente que “vive” aquí durante dos meses en condiciones precarias, con la única intención de pescar de sol a sol. Aprovechamos para comprar algo en el comercio y pasear por la “playa” con restos de barcos naufragados, costillas o vertebras de ballenas y focas muertas petrificadas por el sol y la sal. Decidimos ir en dirección norte para ver la desembocadura del río Uniab, que en esta altura está seco, pero deja en su delta una zona de lagunas con la única vegetación en la zona, líquenes rojos y áreas de hierba verde. Numerosos impalas y Orix beben y es refugio para flamencos y otras aves.

A pesar de la belleza salvaje del Skeleton Coast, obviamente decidimos que no vamos pasar la Navidad por estos parajes. Así que recorremos el parque de norte a sur para salir por la costa en busca de algo más civilizado. A pesar de lo salvaje de la zona, está muy bien protegido con gran cantidad de normas restrictivas para preservar lo máximo posible el medio ambiente. Más de 100 kms por pista de tierra dura por la sal hasta la puerta de salida. Una cancela enorme en el camino con 2 calaveras humanas como las banderas de los piratas, y costillas de ballenas. Pasamos entonces al Parque Nacional de Dorob, también llamada West Coast Recreation Area, también con enormes medidas de protección del medio. Nos cruzamos continuamente con coches cargados de cañas. La carretera paralela a la costa está llena de puntos de pesca conocidas por el número de millas que distan desde Swakopmund, como Mile 108,o Mile 72. Son pequeños acampamentos de aficionados a la pesca más pequeños que Torra Bay. Nos paramos para ver otro resto de barco y restos óseos de ballenas y focas.

Acampamos en Fisherman Inn, un hostal de pescadores en medio de la nada rodeado de la inmensidad del desierto, bajo un cielo gris y pesado. Al día siguiente queremos visitar Cape Cross para ver una colonia permanente de más de cien mil focas.

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Uma resposta a NAMIBIA: Cunene River – Epupa Falls – Opuwo – Etosha National Park – Skeleton Coast (14 – 23 Dezembro)

  1. lenita diz:

    Olá meninos.
    O vosso blog dá côr ao tédio das minhas tardes no trabalho.
    Vejo e revejo as fotografias com um prazer renovado.

    Obrigada!

    Beijos aos dois.

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