Lesoto: Malealea – Semonkong – Rafolatsane – Sani Pass (2-7 Fevereiro)

Entramos en nuestro 16º país por la frontera llamada Makhlenge Bridge. Resulta ser muy rápida, haciéndonos pensar la gran diferencia con otras fronteras africanas que nos habían llevado horas y mucho dinero. Cruzamos elrío y sellamos la entrada pagando solo unos 3 euros por la entrada del coche. Nosotros no necesitamos visado.La moneda en este país se llama Maloti, cuyo valor es equivalente al Rand surafricano. Puedes usar el Rand en Lesotho,pero no Maloti en Suráfrica. Sonrisa muy simpática de los empleados de la frontera: WelcometoLesotho!

En seguida comprobamos que es muy diferente de Suráfrica y de Namibia, no vimos un solo blanco y es patente la pobreza de este pueblo, muy rural y parado en el tiempo. Un lugar aislado entre altas montañas en medio de Suráfrica, donde no parece haber llegado la colonización blanca, aunque muchos surafricanos blancos hablan de este país como si formara parte de Suráfrica. Felizmente mantiene su identidad y su cultura más originaria.Nos dirigimos a una pequeña ciudad a pocos kilómetros llamada Mohale´sHoek  ypreguntamos por un atajo para llegar a Malealea. Decidimos cortar camino, montaña a través, por ruta con tramos difíciles de piedras y tierra cruzándonos con muchos pastores con sus ganados por valles y montañas espectaculares. Llegamos a superar los 2000 m de altitud en algunas zonas. Cuando nos paramos a comer en una aldea llamada Mpharane es patente la hospitalidad y simpatía de los basothos (así se llaman a los de este país). Nos sentimos de nuevo como en África, y tanto los pastores como los niños, que salen de las escuelas, saludan espontáneamente. No parecen tener estigmas del “apartheid” de los países vecinos. Reaparecen los mercadillos en los cruces y la comida local con papa de maíz, verdura y gallina. Tras varios tramos complicados del camino llegamos a Malealea.

Acampamos en MalealeaLodge, que se dedica entre otras cosas a ayudar en el pueblo mejorando fundamentalmente la educación en las escuelas y promoviendo el desarrollo turístico de la zona. Aquí, si lo deseas, te organizan desde varios días a caballo, hasta visitas a cataratas, visitas a las aldeas y contacto cercano con la cultura basotha. Vemos los únicos blancos, los encargados del Lodge y los turistas de diferentes nacionalidades, muchos de Alemania. Es aquí donde conocemos a una pareja simpática de alemanes que conocen Sevilla y el parque de Doñana, el Rocio y Santa Olaya.

En Malealea pasamos un par de días. Aprovechamos con un guía local llamado Klausspara ir a pie por valles y montañas hasta las cataratas deBotsoela atravesando aldeas y pastores con sus mantas características y gorros para protegerse del frio. A pesar de ser verano, la altitud se nota, y en invierno la nieve cubre las montañas y muchas aldeas quedan completamente aisladas. Después continuamos a pie hasta otro valle con un desfiladero del rio Makhalonge donde vimos pinturas en las rocas. Tras 5 horas de camino  acabamos exhaustos, pero maravillados por el paisaje.

También comprobamos lo ingeniosos que son los lugareños, ya que fabrican sus propios instrumentos musicales con materiales de reciclaje.

Es la época de lluvias y durante dos noches llueve copiosamente con tormentas eléctricas impresionantes.

Después de dos días nos dirigimos a Semonkong, un lugar recóndito en medio del país. Y cogemos el camino más corto y  panorámico pero el más complicado para conducir. Son cinco horas para 140 kms, pasando por paisajes de imponentes valles y montañas, con sus aldeas de casas redondas y coloridas, y muchos caballos.Era sábado y en algunas aldeas celebran con fiestas el día en que muchos adolescentes son circuncidados.

Subimos con cierta dificultad un puerto de montaña alcanzando los 2755 m de altitud hasta llegar a la remota aldea de Semonkong. En la calle principal la gente se mueve de un negocio a otro venidas de otras remotas aldeas sin accesos a vehículos, solo a pie o a caballo y perdidas en las montañas. Algunos hombres a caballo se abrigan tanto que hasta usan gorros de lana que cubren todo el rostro pareciendo guerreros de las Cruzadas.

Acampamos en SemonkongLodge, un lugar muy acogedor en la misma margen del rio, donde nos quedaríamos otro par de días. Se trata de un sitio estratégico de paso de lugareños a pie y a caballo de un lado al otro del rio por un puente que pasa por el medio del Lodge. Es sin duda un sitio mágico e interesante para contactar con la cultura Basotha. Uno de los días contratamos un paseo a caballo de 5 horas hasta la gran cascadade  Maletsunyane, de 200 m de altura, y que tiene el record Guiness de descenso con cuerda(abseiling).En un soleado día, y acompañados por un guía local llamado Bernard, salimos los tres a caballo rio abajo en dirección de la vertiginosa cascada. El paisaje es de cortar la respiración, siendo una de las zonas más bonitas que visitamos en este viaje trans-africano.

Continuamos viaje para atravesar el país de Oeste a Este y entrar de nuevo en Suráfrica. Nos queda un largo día por delante de muchos kms y carreteras inciertas, y no sabemos cómo va a responder el coche. Desde hace un par de días que sale humo más negro y parece que necesita un cambio del filtro de combustible. Después  de 60 kms por pista de tierra, llegamos a la localidad de Roma, muy animada de gente, universitarios y comerciantes. Nos abastecemos de combustible y comida y entramos en carretera de asfalto en dirección a Taba-Tseka, donde según informaciones acaba la carretera  para continuar por camino. Durante la ruta pasamos por paisajes maravillosos, con enormes subidas y descensos desde altas montañas, atravesando un puerto de montaña a 3000 m de altitud. El coche continúa echando humo negro pero parece que responde bien en las subidas, aunque ha perdido alguna potencia. Pasamos un par de controles de policía donde curiosamente quieren comprobar que llevamos extintor y carnet de conducir. Amablemente nos dejan seguir, y llegamos a Taba-Tseka. Sabemos que estamos lejos todavía de la frontera y nos informamos que no encontraremos mas asfalto en el camino. El camino se vuelve muy duro durante unos 15-20 kms,  tardando una hora para recorrerlo, y no parece mejorar. Pensamos que de seguir así  tardaremos días en salir de Lesotho.De vez en cuando aparecen pedazos de mejor camino y podemos llegar a 35-40 kms/hora. Pero el horizonte son montañas enormes e interminables que tendremos que sortear. Vuelta a bajar al cauce de un rio y cruzar un puente estrecho y vuelta a subir por caminosmuy empinados y pedregosos pero con vistas impresionantes. Nos preguntamos como pueden pasar por aquí los autobuses locales. Restos de coches despeñados y abandonados en barrancos. Llegamos con dificultad hasta los 3045 m de altura,para después bajar lentamente, por autentico camino de cabras.

Teníamos una media hora de luz y encontramos en nuestro GPS una guesthouse para backpackers en medio de la montaña. Después de un pequeño desvío tenemos  unos 500 m de camino tan difícil y cuesta abajo,que los lugareños nos dicen que la lluvia había hecho desaparecer el camino.La aldea próxima se llama Rafolatsane, y el hostal parece abandonado. El señor que lleva el hostal tarda en aparecer, y nos comenta que el dueño es un blanco surafricanoque poco aparece por allí. Somos los únicos huéspedes. Se trata de una enorme casa con muchas habitaciones y suelo de madera, que ya tuvo sus mejores días. No hay luz, y los cuartos son caros y muy básicos por lo que optamos por acampar afuera aunque podemos usar la casa. Anochece y el encargado se despide hasta el día siguiente. Podría ser una escena de una película de terror. Solos, en la enorme casa y a la luz de las velas, el crujido de la madera y el chirriar de las contraventanas, mientras cenamos en el salón principal con un murciélago a sobrevolar nuestras cabezas.

Al día siguiente nos despedimos del encargado y continuamos en dirección a la frontera.Nos separaban unos 50 kms hasta la frontera en Sani Pass. Vuelta al sufrimiento del camino de piedras, bajando hasta una altitud de 1900 para volver a subir por un valle muy complicado.Con el marcador de altitud en nuestro GPS vemos como vamos ascendiendo por terroríficos kilómetros de mucha pendiente y camino muy estrecho, metiendo en muchas veces la tracción máxima. Llegamos hasta los 3250 m y paramos para descansar física y emocionalmente. Del lado derecho tenemos la montaña más alta del Sur de África, de 3482 m llamada ThabanaNtlennyana. Encontramos un pastor al que le damos una manta que no habíamos usado en todo el viaje, y por delante un enorme valle para recorrer los últimos 5 kms de Lesotho.

Tras pasar la última aldea de pastores, llegamos a la frontera, el famoso Sani Pass. Encontramos todoterrenos de turistas que suben desde Suráfrica y vuelven a bajar en el mismo día. Son excursiones organizadas desde los hoteles del otro lado de la frontera, con conductores profesionales, muchos de los coches tienen escrito la publicidad de “conductores especialistas en Sani Pass”, y allí estábamos nosotros muy inexpertos y con el coche cargado hasta las trancas.Los turistas, claro está, nos miran espantados, como una atracción turística más. El puesto fronterizo de Lesotho está literalmente antes de la vertiginosa y asombrosa  bajada para Suráfrica, junto a un Pub de madera, cuyo letrero dice orgullosamente que es el Pub más alto de África. Nos despedimos de este maravilloso y desconocido  país, que rompe con el estereotipo de país caluroso africano. Y nos sentimos como la lava arrojada por un volcán, bajando la vertiginosa ladera para entrar nuevamente en Suráfrica.

 

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