África do Sul: Kalahari – Namaqualand – Western Cape – Cape Town (7-24 Janeiro)

Nos levantamos con la sensación de tener un largo día por delante. De nuevo paisajes desérticos rumbo a la frontera con Suráfrica .Nos paramos en Karamburg, una ciudad-cruce con dos o tres supermercados junto a las gasolineras, donde se concentra la mayoría de los lugareños. Vemos a muchos Nama, una etnia de la zona, y a otros con fisionomía de bosquimanos. Desde aquí por pista de tierra entramos en el Kalahari namibiano. Desierto y desolación, sin cruzarnos  prácticamente un coche en kilómetros. Después de unas dos horas llegamos a Aorab donde paramos para tomar un café, y cambiar dólares namibianos por Rands. Después de 35 kms llegamos a la frontera que será la mas rápida y eficiente hasta ahora. Ni 15 minutos en pasar los dos puestos de cada país: welcome to South Africa!

Una vez al otro lado nos adentramos en el Kalahari. Y decidimos acampar en Molopo Lodge, a unos 56 kms de la entrada en el Kgalagadi Transfrontier Park. Un camping de lujo, con exquisita decoración africana, piscina, cuarto de baño individual para campistas y avestruces a la entrada.

Los siguientes tres días estuvimos de safari dentro del Kalagadi Transfrontier Park en nuestro propio coche. Una zona de reserva enorme en medio del Kalahari que hace frontera con Namibia, Suráfrica y Botswana. Por lo que puedes entrar desde un país y atravesar hasta otro.

En el camino vemos dos o tres aldeas de bosquimanos, una etnia de gente pequeña, muy delgados y con caras muy características de pómulos y sienes muy marcadas, sin labios gruesos y boca siempre sonriente. Entramos por Two rivers o twee riverien , y acampamos en dos sitios, Mata Mata, a unos 130 kms de la entrada, y en Nosseb , a unos 160 kms, de esta última.

Durante estos días avistamos guepardos, muchos avestruces, oryx, springbocks, y  una jirafa muerta siendo devorada por leones, mientras chacales y buitres esperan su turno. Intenso calor en esta zona solo compensado por las piscinas de los sitios de acampada. La primera noche, mientras preparamos la cena unos vecinos descubren una Cape Cobra amarilla de casi dos metros, muy venenosa que se mete en un agujero en el suelo de las ardillas y unos minutos mas tarde aparece al otro lado de la alambrada una gran hiena.

Un día, a unos 30 kms al norte de Nosseb nos cruzamos con tres leonas que vienen desde el rio. Casi ignorando nuestra presencia pasan junto a nosotros y durante centenas de metros andamos paralelamente. Mas adelante sorprendemos a otra Cape Cobra amarilla que es endémica en la zona y de esta vez hasta se levanta del suelo y abre su cuello amenazándonos antes de huir rápidamente entre los matorrales. Esa noche en el camping entraron chacales que ahuyentamos con las linternas.

En los días siguientes, seguimos viaje hacia el sur, en dirección de Upington, por carretera perfectamente asfaltada con dunas de tierra roja que van dando paso a áreas de lagunas de sal. Es la transición del Kalahari a la zona de North Cape. Upington nos parece una ciudad muy limpia y organizada, de grandes avenidas y muchos comercios, como un gran polígono de una ciudad europea. Continuamos dirección a Augrabies Falls para ver las famosas cataratas. Conseguimos permiso y acampamos dentro de la reserva, cerca de las cascadas. A pesar de en esta altura del año no llevar mucha agua, no deja de ser imponente la caída principal de unos 55 metros del rio Orange a más de 500 kms de su desembocadura en el Atlántico. Los miradores de la garganta del rio Orange son impresionantes.

Al día siguiente cogemos la carretera nacional en dirección a Springbock,  kilómetros y kilómetros de paisaje desolador y monótono en los cuatro puntos cardinales con rectas interminables. Nos recuerda a los paisajes de Arizona, con grandes camiones a recorrer esta gran planicie a unos 1000  m sobre el nivel del mar  y en medio de la nada. Llegamos a Springbok, una pequeña ciudad en la ruta entre Cape town y namibia, capital de Namaqualand y muy famosa por sus campos floridos en la primavera (en los meses de agosto y septiembre). También conocida por su conexión con la industria minera y del diamante. Y también por un curioso concurso de escupir heces de springbock(un tipo de impala) lo más lejos posible.

Seguimos camino por la ruta principal que lleva a Cape Town, llamada Route Cape-Namibia. La carretera atraviesa hermosos paisajes de montañas pedregosas en esta altura del año sin flores. Y hacemos noche en Nuwerus, en el Hardevel Lodge, dirigido por una señora de edad alemana que nos confiesa que no habla ni una palabra de alemán. Podemos acampar en su jardín, junto a un gallinero y un quiver tree, pero con un espacio muy acogedor que hace de cocina y sala de estar. Estamos próximos de Cape Town y por tanto próximos del reto de atravesar Africa de Norte a Sur. Y aunque nos queda gran camino hasta Mozambique, nos empieza a entrar cierta nostalgia del final del viaje.

Después de una noche fría,  ponemos rumbo al Sur. Llegamos al Olofant River con zonas más verdes y cultivadas junto al rio, y con montañas cada vez más altas. Llegamos a Clanwillian, famosa por su embalse, de gran atracción turística para los que viven en Cape Town. Nos sorprendemos por gran número de personas de color en esta ciudad. Al final parece que seguimos en África, menos mal. En la oficina de turismo nos dan información de la zona, ya que esta ciudad es la puerta de acceso al Cederberg Wilderness, una zona protegida y salvaje de montañas y ríos.  Y decidimos no continuar hasta Cape Town y explorar la zona. Visitamos una finca particular donde en el desfiladero de un rio se encuentran pinturas ancestrales de la etnia de los San, de hace mas de 5000 años. Curiosamente la finca se llama Art Rock Sevilla. La dueña había estado hace unos años en esta ciudad española, y le gustó tanto que decidió llamarla así.

Después nos adentramos en las montañas a través de una pista de tierra que recorre un precioso valle hasta Algeria. Es el corazón del  Cederberg Wilderness. Acampamos en su magnifico camping junto al rio, con una piscina natural, y rodeado de altísimas montañas.

Estuvimos unos tres días por la zona, disfrutando de esta naturaleza tan virgen. Uno de los días subimos a pie hasta una catarata a una hora y media ascendiendo la montaña, donde disfrutamos de un merecido baño y de unas magnificas vistas del valle.

Continuamos camino por las montañas dirección sur hasta otro camping a Sanddrif. El camino por el valle es espectacular, pasando a otro valle, mas seco pero igualmente con otro rio. Aprovechamos para visitar mas pinturas prehistóricas en las rocas, en Saaldat caves. Allí nos encontramos con una pareja de ingleses, que nos aborda tras ver la matricula del coche. Ella, muy simpática vivió durante unos años en España y habla español bastante bien, con curiosidad por saber cómo habíamos llegado a tan remoto paraje. Acampamos también junto al rio, y nos bañamos en Malgaat, una poza enorme del rio donde como niños saltamos al agua desde grandes alturas en las rocas.

Después de tres días por Cederberg retomamos camino hacia el Sur adentrándonos en la famosa región vinícola, donde se produce y exporta gran cantidad de vino a todo el mundo.

Así llegamos a Ceres donde históricamente fue el primer sitio de producción de vino en Suráfrica. Después continuamos para Wellingtown donde visitamos una famosa estatua de Nelson Mandela y luego seguimos hasta Franschhoek,  población de origen francés, con nombres de calles y comercios en esta lengua. Antiguamente este lugar fue colonizado por franceses expulsados por los holandeses desde Cape Town, y por eso en esta zona se produce tanto vino. En el camino cogemos un atajo a través de un puerto de montaña que resulta ser una carretera con muchas curvas junto a la garganta de un rio con numerosas pozas de agua. El calor es tanto que aprovechamos para un chapuzón. Acabamos el día en Stellenbosh, capital de los viñedos y bodegas de la región. Acampando en un camping a las afueras de la ciudad.

Al día siguiente visitamos el centro, considerada la segunda ciudad más antigua del país después de Cape Town. Es un valle rodeado de altas montañas en cuyas laderas asientan decenas de viñedos de diferentes bodegas, llamadas aquí “wineries”. Vale la pena visitar el centro a pie, sobre todo el museo de la ciudad. Después visitamos dos  de los numerosos viñedos, Rustenberg y Delheim donde por unos 3 euros te daban una cata de 6 vinos diferentes.

Después de los vinos,” alegremente”, vamos a visitar a unos alemanes dueños de un hotel a las afueras de Stellenbosch, y que conocimos en una carretera en Gabón. Son padre e hijo (Hardy) que, sólos, hacían también la ruta de Africa de Norte a Sur desde Alemania pero que tuvieron que desistir por el mal estado de las carreteras y por no poder entrar en el Congo, ni en Angola. Y mandaron el coche por barco desde la capital de Gabón, Libreville hasta Cape Town. El hotel llamado Orangeville es una finca muy bien montada con vistas de las montañas. Para ellos fue una gran sorpresa ver que nosotros habíamos podido llegar hasta Suráfrica. Nos recibieron calurosamente e insistieron en que cenásemos con la familia y nos quedáramos a dormir en el Hotel. Resultó una noche formidable hablando de las aventuras del viaje y Hardy nos dio muchos consejos para visitar en Cape Town así como recorridos por la costa en dirección a Mozambique. Danke Hardy and family!

Al día siguiente, y finalmente tras 45 minutos por autopista con tráfico fluido entramos en el mismo centro de Cape Town (Ciudad del Cabo), dejando a nuestra derecha la famosa montaña de 1000 m de altitud que es rodeada por la propia ciudad. Es el Table Mountain. Sitios para acampar en la ciudad es imposible, solo en los alrededores de esta ciudad de más de 3,5 millones de habitantes. Despues de ver varios sitios para alojarnos con parking encontramos un hostal de backpackers céntrico llamado Capetownbackpackers, con parking gratuito. Mucho calor y esperamos la caída de la tarde para primer contacto con la ciudad. Y acabamos el día contento por haber cubierto una etapa mítica y un reto para muchos viajeros, atravesar por tierra de norte a sur todo el continente africano.

Estuvimos casi una semana en esta ciudad que dicen ser de las ciudades más bonitas del mundo. Subimos en funicular al Table Mountain con esplendidas vistas de la ciudad y la costa. También visitamos la playa de Camp Bay, zona elegante con playa bonita y muy animada.

Pasamos por Green Point y por el estadio de futbol, y la zona del puerto, Waterfront, con su oceanario. Una zona turística pero amena para pasear con focas siempre a tomar el sol en los pantalanes. En el centro, es aconsejable recorrer a pie el Craft Market hasta llegar a la catedral de San Jorge y los jardines. Una ciudad sin duda muy interesante, y mucho que ver. Al día siguiente cambiamos de Hostal, fuimos al Zebra Crossing, donde nos quedaríamos el resto de los días.

El coche llevaba días con un ruido extraño, parecía un problema de transmisión, asi que después de preguntar dimos con taller llamado Frank´s  Motor, en Saltriver, cerca del barrio de Woodstock. Pero como era viernes solo podríamos dejar el coche el lunes, así que tendríamos que quedarnos el fin de semana por la zona. Aprovechamos los días para visitar Robben Island, una isla a unos 8 kms, donde Mandela estuvo preso unos 18 años, en la época del apartheid. Una visita guiada demasiado turística que te mete hasta dentro de su celda. Aun así vale la pena para hacerte una idea de los duros años de Suráfrica para los no-blancos.

También visitamos el Museo “6 District Museum”, donde se exponen numerosos documentos de un barrio expoliado por los blancos en la época del apartheid y arrasado para construcción de casas para blancos. También vale la pena el museo de arte “National Gallery”, con un interesante trabajo de Jane Alexander – The Butcher Boys.

El domingo lo aprovechamos para ir a Cape Point, el punto más al sur de Africa, junto al cabo de Buena Esperanza. Es conocido como tal, pero es falso, ya que es Cape Agulhas. También dicen que es el Cabo donde el Atlántico pasa a ser Índico, aunque también es tema de controversia. Lo que si es verdad es que lo venden como un cabo mítico. Así que pasamos por Muizenberg, para bajar por el lado este de la península y seguimos por la carretera de la costa en dirección sur hasta Simon Town donde paramos para ver una colonia permanente de pingüinos. Y después entramos en el Parque Nacional de Cape Point. Realmente el cabo (Cabo das Tormentas) es de foto, aunque hay mucha “ turistada”. Recorremos a pie los caminos hasta el primer y el segundo faro, con grandes precipicios. Son puntos emblemáticos por la llegada de los portugueses hace 5 siglos. El Cabo de Nueva Esperanza queda a la derecha donde tiramos una foto obligada de la placa después de esquivar a las decenas de japoneses. Algunos monumentos con forma de crucero recuerdan las llegadas de Bartolomé Días y Vasco de Gama a esta costa.

De vuelta a Cape Town lo hacemos por el lado Oeste de la península, pasando por carretera vertiginosa, con una puesta de sol espectacular. Pasamos la maravillosa bahía de Hout Bay. Y poco antes de llegar a Camp Bay avistamos a pocos metros de la costa 3 ballenas, rezagadas. Ya que en esta altura del año esta en la Antártida. Volverán entre junio y noviembre.

Llega el lunes y dejamos el coche en el taller. Nos dicen que es del CV Joint y que debemos cambiarlo. Las piezas tendremos por la tarde, pero acabarían por llamarnos para decir que solo el coche nos estaba listo hasta el día siguiente. Aprovechamos para cambiar filtro de aceite y aceite. Nos vamos paseando por el curioso barrio de Woodstock hasta llegar al centro y la famosa y siempre muy ambientada calle Long Street, llena de restaurantes, bares y tiendas. Quizás el mejor sitio para tomar una copa por la noche. Al día siguiente ya tenemos el coche como nuevo y con pena dejamos esta fantástica ciudad.

 

 

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NAMIBIA: Cape Cross – Henties Bay – Spitzkoppe – Windhoek – Swakopmund – Solitaire – Sossusvlei – Fish River Canyon (24 Dezembro – 7 Janeiro)

Acordar na véspera de Natal na Namíbia foi estranho! Acordar na véspera de Natal na Skeleton Coast mais estranho ainda! Ver focas na véspera de Natal foi surreal!

Quando chegamos junto à colónia de focas tivemos uma reacção de espanto. Eram milhares de focas, que foram despertando com a nossa aproximação. Parecia que estávamos num documentário televisivo da vida selvagem. Havia muitas crias a ser amamentadas pelas progenitoras. Algumas lutavam, outras simplesmente emitiam o ruído característico! Junto à colónia de focas encontramos dois cruzeiros, onde uma placa escrita em Afrikaans, Inglês e Português informava da descoberta daquele cabo pelo português Diogo Cão em 1845. O meu patriotismo aumentou, apesar da nostalgia do pensamento: O que foi Portugal e o que é agora!

Seguimos para Henties Bay. É uma cidade de pesca desportiva, onde passaríamos a noite de Natal. Descobrimos uma guesthouse (H&H accomodation), de um simpático casal namibiano. Depois de 1 mês a dormir em tenda, esta noite decidimos dormir em cama decente.  O resto do dia foi excelente. Almoçamos muito bem, fim da tarde à beira mar e jantar de Natal no restaurante Duine. Deu-nos a sensação que o Natal para os namibianos é mais importante no dia 25, não atribuindo tanta importância à noite de consoada. Depois do jantar desejamos um Feliz Natal à família, com pena de não estar com eles, mas contentes pela nossa noite de Natal Africano!

No dia de Natal acordamos com música natalícia. A senhora preparou um excelente pequeno-almoço e desejou-nos Merry Christmas. O dia foi de passeio pela cidade e, à tarde resolvemos ir até à praia. Havia muitos pescadores e assistimos a uma cena incrível. Um homem demorou cerca de 3 horas a pescar um enorme tubarão, com uma simples cana de pesca, desde a areia da praia. O animal media 3 metros e tinha um peso aproximado de 210 kg. Este acto despertou a curiosidade das pessoas que se reuniram em torno do tubarão e do pescador. Mais interessante ainda foi o momento em que o devolveram ao oceano, depois das medidas e fotos tomadas.

No dia seguinte visitamos Spitzkoppe, um local fantástico, onde um aglomerado de montanhas rochosas, douradas, se eleva na planície. Passamos por Okahandja, onde acampamos de forma selvagem numa reserva e onde avistamos facoceros, oryx, gnous e impalas.

Windhoek, a capital da Namibia é uma cidade com características muito europeias. Há de tudo desde os centros comerciais tradicionais, até uma espectacular rua pedonal de comércio, bares e restaurantes com uma rotunda cujo centro é uma colecção de meteoritos. Aproveitamos e visitamos o Museu Nacional, num bonito edifício colonial. Perto da capital há uma reserva de animais, chamada Daan Volgien, onde pernoitamos e fizemos umas caminhadas entre zebras, girafas, oryx e outros antílopes. Pelo caminho surpreendemos e fomos surpreendidos por 2 facoceros que correram na nossa direcção fazendo uma viragem brusca para dentro do matagal. Momento selvagem!

No dia 28 de Dezembro o destino era chegar a Swakopmund. Tínhamos 300 km para percorrer, novamente até à costa. A paisagem foi-se, de novo, transformando de savana a deserto até entrar na Skeleton Coast. Sendo as férias dos Sul-africanos e Namibianos é difícil encontrar alojamento na cidade, mas acabamos por encontrar um “buraco” no parque de estacionamento do Desert Sky Backpakers. Aproveitamos a cidade para resolver mais um ruído estranho no carro. Tivemos que mudar a junta universal. Graças à simpatia do Mr. O B conseguimos continuar a visita à cidade. Swakopmund é uma cidade alemã por excelência. As próprias pessoas que a frequentam são namibianos descendentes de alemães ou turistas alemães. Nas ruas ouve-se falar alemão e nos restaurantes comem-se salsichas alemãs. Reparamos na ausência de mistura entre brancos e negros o que prova que ainda há alguma separação racial. Visitamos o Snake Park, onde vimos os exemplares vivos das mais venenosas cobras do deserto. As praias e as dunas envolventes são excelentes locais para visitar e contemplar os contrastes naturais.

Globalmente Swakopmund é uma cidade agradável e pacata, mas o clima neste momento não era o melhor. As noites frias fizeram-nos decidir sair da cidade em direcção ao interior, para ver as dunas de areia de Sossusvlei. Passamos por Walvis Bay, onde procuramos a lagoa em busca dos pelicanos e flamingos, mas infelizmente estavam demasiado distantes para ser bem observados, apesar de decorarem a linha do horizonte.  Depois da visita à cidade seguimos para o interior, passando pela famosa Duna 7. Mais uma estrada de terra batida, em linha recta que une a costa ao deserto. Paisagem desértica, passando por extensas planícies, com algumas Quiver tree´s e a fantástica garganta do rio Kuiseb. Há também animais, embora não seja um parque demarcado. Há springbocks, oryxs e avistamos um grupo de abutres, que devoravam a carcaça de uma zebra.

Também neste caminho chegamos ao ponto em que cruzamos o Trópico de Capricórnio. Lá estavam as tabuletas anunciando o mesmo. Para quem faz uma viagem transcontinental por via terrestre é mais uma fotografia obrigatória. Mas já havia mais gente a ocupar o cenário. Coincidentemente era uma família de portugueses, emigrados em África do Sul.

Chegamos a Solitaire ao pôr do Sol, que coloriu de amarelo a planície envolvente. O local era de facto solitário. Um cruzamento, com uma bomba de gasolina, um hotel com campismo e uma loja comercial, onde as empregadas (Nama people) falam dialecto próprio, com estalidos da língua contra o palato. Muitos carro velhos estavam abandonados entre cactos e ervas. A sensação de isolamento e de anos passados estava bem conseguida, que associando ao nome do cruzamento dava a ideia de estar em terra de ninguém. Estávamos no dia 30 de Dezembro e a nossa intenção era permanecer ali na noite de passagem de ano. Os portugueses, contra a vontade deles, graças a 3 furos no caminho, atrasaram-se e tiveram que dormir no hotel. Conhecemos melhor o Sr. Raul que acabou por nos convidar a jantar com eles na última noite do ano, em Sesriem. Simpáticos e hospitaleiros, como portugueses de origem!

No último dia do ano, contrariamente ao previsto, decidimos seguir viagem. Apesar do relax e do ambiente acolhedor optámos por ir para Sesriem, para não entrar em 2012 tão solitariamente! Até o casal de overlanders alemães que viaja 1 ano por África (sim, sim… há gente mais louca que nós) iria nessa noite para Sesriem.

Sesriem é um cruzamento com a porta de entrada para as famosas dunas de areia do Namib-Naukluft Park. Ao amanhecer e pôr do sol, estas dunas adquirem a tonalidade vermelha contrastando com a sombra escura da outra face. A beleza maior deste parque é em Sossusvlei, a 60 km de Sesriem. Apesar de haver muita gente no parque de campismo conseguimos um ponto bem localizado. Teríamos que reunir as condições ideais para entrar bem em 2012. A piscina de água esverdeaa, parecia um charco, de onde poderia sair a qualquer momento um hipopótamo, mas mesmo assim entramos, para acalmar os cerca de 45ºC do exterior. Uma das vantagens da Namibia relativamente aos outros países por que passamos são as excelentes condições para os campistas. No final da tarde fomos a Sossusvlei, mais precisamente até à duna 45, onde assistimos a um fantástico pôr-do-sol.

Desencontramo-nos dos amigos portugueses, pelo que pelas 20 horas iniciamos a fogueira e preparamos um excelente barbecue. Montamos a pequena mesa de ano novo, com passas, uvas, bolo de maçã e champagne para abrir à meia noite. O campismo já estava adormecido, pois as pessoas queriam chegar cedo às dunas.  Ao longe ouvia-se alguma música e pessoas a falar, mas perto de nós a música era a nossa e a alegria era a nossa. A meia noite chegou à Namibia 2 horas antes que em Portugal e 1 hora antes que em Espanha. Ouviu-se o estourar da nossa garrafa de espumante e os nossos brindes. Ao longe alguém gritou Happy New Year e nós respondemos em Português e Espanhol.

A família e amigos estavam connosco, em pensamento e nos nosso brindes, nas passas e uvas comidas, com as badaladas Europeias não escutadas, no silêncio do deserto! Feliz 2012!

O primeiro dia do ano foi de descanso e apreciação da paisagem. Foi no dia 2 de Janeiro que acordamos pelas 5 horas da madrugada para ver amanhecer em Sossusvlei. A linha ondulada do cume das dunas separava a face multicolor da outra cada vez mais escura, pelas sombras projectadas. Percorremos um trilho até ao famoso Deadvlei. A tal fotografia! Uma enorme área de solo argiloso branco, quebrado pelo calor intenso, contrastando com as dunas laranja envolventes. No centro do lago seco brotam as camel thorn tree´s secas, com troncos negros que mais contrastam no fundo branco e laranja. Subimos até ao pico mais alto, da duna denominada Big daddy. De cima a vista é fascinante, e vai variando conforme a posição na duna. A caminhada pela duna é dura, mas uma brisa fresca, por golfadas, ajudava a suporta-la. Do alto, reparamos que os turistas inicias já tinham desaparecido e éramos os únicos no Deadvlei. A descida foi rápida pela duna abaixo, enterrando os pés na areia quente.

Seguimos viagem, em direcção ao Fish river Canyon. Passamos por uma grande área vedada, pertencente ao Namibrand National Park. De novo vimos vários animais. Zebras, Springbocks, um Oryx “unicórnio” e uma cena que nos deixou espantados. Mesmo à nossa frente, uma águia levantava-se do chão, trazendo pendurada nas patas uma cobra serpenteando com esforço para se libertar.

Passamos Helmeringhausen e depois de percorridos quase 300 km ficamos a dormir no Konkiep (nome do rio) Lapa Rest Camp. No dia 3 de Janeiro chegamos a Hobas, a entrada do Fish river Canyon. Passamos por pequenas povoações, cujos habitantes são os Nama. No caminho até Hobas encontramos sinais de perigo de proximidade de animais, com os desenhos dos mesmos. Aproveitamos essa tarde para ver o principal miradouro do Fish river Canyon. É o seguindo maior o Mundo, depois do Grand Canyon no Arizona. Tem cerca de 160 km de comprimento, 27 km de largura e 550 metros de altura máxima. É conhecido pelo seu hiking trail de 85 km de Hobas até Ai-Ais, realizado numa época especifica de Abril a Setembro.

O espanto é  expressão habitual de quem nunca viu uma garganta de um rio tão alta! Há um fino fio de água, que pára em algums zonas no serpenteante leito do rio. É de tal forma labiríntico que parece difícil conseguir fazer o seu seguimento na totalidade. Dos outros miradouros a vista é igualmente imponente. Os recortes da montanha, as sombra porporcionadas pelos recortes, as escarpas que começam em planaltos rigorosos no seu conjunto constituem uma paisagem espetacular.

O dia 4 de Janeiro foi especial. O Pablo cumpriu mais um aniversário! A manhã passou a percorrer o Fish river, parando nos seus miradouros e fazendo um pequeno trilho pedestre de 3 km. Ele estava a precisar e um corte de cabelo e porque não escolher este cenário para uma mudança de look? Durante a tarde, paramos no RoadHouse. É um restaurante, campismo, bomba de gasolina e bar em pleno meio do deserto. A decoração é caracterizada pelos motivos automóveis antigos. A sala do restaurante é um verdadeiro museu, como se tratasse de uma garagem e oficina. Há vários modelos de carros antigos dispersos e até o tradicional calendário de mulheres semi-nuas está presente. Bebemos uma cerveja, brindamos ao Pablo e fomos ao campismo. Tarde de piscina e fim de tarde de caminhada entre Quiver tree`s e lagartos do deserto. Jantamos no restaurante, festejando assim o dia de aniversário.

Na manhã seguinte, seguimos até Ai-Ais, um outro ponto de acesso ao Fish River Canyon, e onde termina o percurso de 85 km. É uma zona com águas termais. No exterior há uma enorme piscina, com água termal quente. Há uma outra lagoa natural, em que a água sai a cerca de 65ºC. Interiormente há duas piscinas, de água quente, difíceis de tolerar dado o calor intenso.

O mais interessante foi o reencontro com os portugueses que conhecemos no Trópico de Capricórnio. Estavam no bar e estivemos a conversar no final da tarde. Parecia que o jantar de passagem de ano se iria agora repetir, pois a agradável conversa prolongou-se até cerca da 1 da madrugada. Sem dúvida uma família encantadora, que nos contou histórias de África, da sua vida e do encanto de África do Sul.  São extremamente simpáticos e estivemos muito bem com toda a família. Especialmente o Raul e a Lucília foram muito atenciosos o tempo todo. A Lucília quer que as netas aprendam português, pois tem medo que a sua língua se perca na terceira geração. A sua neta mais nova sabe dizer “Obrigado” e repete continuamente esta palavra como demonstrando o domínio da língua. Agradecemos a companhia concluindo que “ Os portugueses que conhecemos na Namibia são maningue nice!”

O nosso último dia na Namibia, foi passado em Ai-Ais. Estava menos calor e a própria água das piscinas termais mais agradável. O melhor, sem duvida, foi o banho nocturno, em água quente, vendo o céu completamente estrelado.

A Namibia é um país encantador, no que respeita a beleza natural. No entanto, dá a sensação que é outra África. Mais educada, mais organizada, mas sem pormenores dos outros países que cruzamos até então, que os tornam tão característicos. Apesar da pouca vontade, estava na altura de deixar a Namibia, e no dia 7 de Janeiro rumamos pelo Kalahari para a fronteira com a África do Sul! O objectivo era chegar ao Kgalagadi Transfrontier Park, mas com ideia de um dia regressar!

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NAMIBIA: Cunene River – Epupa Falls – Opuwo – Etosha National Park – Skeleton Coast (14 – 23 Dezembro)

Atravesamos la frontera más tranquila del viaje, sin corrupción alguna y todo en regla. Inmigración, aduana y control de policía en el mismo edificio y mostrador, con trato excelente y educado. Pagamos 22 euros por ser coche extranjero y sin necesidad de visados. Tenemos la sensación de entrar en otra África con  cambio de idioma (aquí se habla inglés y afrikáners) y conducción por la izquierda. Justo en la frontera, damos un salto a las cascadas de Ruacana del rio Kunene que desde aquí hasta su desembocadura en el Atlántico, hace de frontera entre Angola y Namibia.

Rápidamente nos damos cuenta de las grandes diferencias con Angola. Aquí hay turismo tanto namibiano como internacional, sobre todo de Alemania e Italia. Hay áreas de camping acondicionadas por la mayoría de los sitios y los Lodges también abundan para los bolsillos más adinerados. Todo nos parece más “organizado”, bidones de reciclaje con diferentes colores, carreteras y pistas bien señalizadas. En cambio, el combustible es más caro, aproximadamente 1 euro/ litro de diesel (nos acordaremos varias veces de los 31 céntimos / litro de Angola), y gasolineras con fast food. Aparecen las primeras cosas “lights” en todo el viaje y hasta la Cola Zero, así como los “souvenirs”. También nos damos cuenta que los namibianos de color son muchos de ellos obesos y de los blancos mejor ni hablar. Aquí no hay mujeres vendiendo en mercadillos improvisados por las calles ni en los cruces de los caminos. Tampoco se encuentra fácilmente un restaurante para lugareños, donde almorzar, comer sus comidas locales o charlar bebiendo una cerveza como en todos los países africanos francófonos o lusófono. Será que la antigua colonización alemana o el “boom” turístico de Namibia ha cambiado los hábitos culinarios y culturales de esta parte de África? Los platos locales a base de harina de maíz, mandioca, trigo…que se encontraban en los otros países son ahora salchichas con varios nombres, patatas fritas, y carnes con muchos tipos de salsas. Incluso los habitantes locales no parecen tener la alegría propia de los africanos. Eso sí, en contrapartida, casi no ves un papel en el suelo en todo el país.

Vamos en dirección a Epupa Falls, en la región de Kaokoland. Seguimos por pista de tierra el curso del rio Kunene por la margen sur, con numerosos campings y lodges. El otro margen del rio es Angola, solo un paisaje espectacular, deshabitado y salvaje. Subimos en el coche a una lugareña que la llevamos durante 35 kms, nos cuenta que en el río hay muchos cocodrilos, mejor no bañarse en él. En el camino nos cruzamos con muchas mujeres y hombres Himbas. Ellos, algunos en moto. Y ellas, completamente tribales, y alguna  hablando por el mobil. Se ve la diferencia con los muchimbas angoleños, que son de la misma tribu divididos por la frontera.  Es tarde y  acampamos en el Kunene River Lodge,un lugar privilegiado con piscina, junto al río. Cada espacio está dotado individualmente de barbacoa, luces, enchufes y fregaderos. Un lujo para lo que estábamos habituados en el viaje. Welcome to Namibia! Compartiendo espacio con dos “baranos” (lagartos de metro y medio) inofensivos.

Al día siguiente llegamos a Epupa Falls, tras los 160 kms de pista de tierra por camino interior más largo pero más rápido que por la margen del rio.

Muchas aldeas himbas salpicadas en el camino, con pastores himbas a la sombra de las pocas acacias, cuidando de los rebaños de cabras, vacas y burros. La sabana cada vez más árida, con numerosos cauces de ríos secos, y mucho calor en un día sin una nube en el cielo. Paramos en varias aldeas y contactamos fácilmente con las mujeres himbas que dentro de las chozas, conversan, muelen cereales o preparan la crema roja con la que embadurnan sus cuerpos y cabello, mientras que los niños juguetean con nosotros, los blancos, que les llamamos mucho la atención. Agradecemos su hospitalidad dándoles comida como arroz, pasta o azúcar.

Llegados a Epupa, acampamos nuevamente junto al rio kunene, en el Omarunga Lodge. Del lado izquierdo una nube de agua pulverizada indican los 800 metros de largo de las cataratas. Más arriba en el curso del rio, nos cruzamos con un grupo de mundimbas cargados con muchos atrezos en la cabeza. Van con un señor que habla portugués, y nos explica que van rio arriba para intentar cruzar a Angola donde pasarán las semanas de navidad. Mientras al lado, un pequeño cocodrilo descansa al sol en la orilla del río.

Aprovechamos dos días para disfrutar del magnífico paisaje, un auténtico oasis transfronterizo y un paraíso para los amantes de las aves. Desayunando, llegamos a contar 7  especies diferentes en el mismo espacio. Aprovechamos para relajarnos en la piscina y hacer senderismo por la zona para ver las cascadas desde varios puntos. Un sitio que merece la pena visitar, con una puesta de sol indescriptible.

En los siguientes días, de camino hacia Opuwo nos paramos en otra aldea himba. Una de las mujeres había parido hace pocos días y da de mamar a su bebé.

Opuwo es la localidad más importante de esta región, donde se juntan las tribus mundimbas, himbas y las herero. Estas últimas, con sus ropas de la época colonial del siglo XIX y característicos sombreros. Parecen que van disfrazadas. Un contraste de tribus, ya que las herero van vestidas desde el cuello hasta los pies con ropas coloridas y pomposos tocados en la cabeza,  y las himbas semidesnudas con el característico color de sus pieles.

A partir de aquí es una carretera asfaltada en dirección al Etosha National Park. Un solo control de policía, completamente inocente, sin la más mínima intención corruptiva.  Nos desviamos hacia Kamanjab, una localidad en las proximidades del parque. En el camino avistamos cebras, kudús, impalas, jirafas y facoceros, animándonos la monotonía de la carretera. En Kamanjab acampamos en  el Oppi-Koppi, otro camping con bungalows, dirigidos por una familia de belgas asentados en Namibia. El trato excelente y las zonas comunes impecables. Y nos informan que no tenemos que pagar el alojamiento por ser overlanders  y con dos bebidas gratis. Nos tiran una foto junto al coche para el álbum de overlanders que tienen en la recepción. En el patio abierto del restaurante tienen una cría de gacela y otra de cebra que andan a sus anchas y se dejan acariciar por los clientes, además de gallinas salvajes y gran diversidad de pájaros que picotean comida junto a la piscina. Un sitio inolvidable para nosotros donde nos quedamos un par de días.

Salimos en dirección a Outjo a unos 150 kms por carretera asfaltada y casi sin nadie. Allí nos abastecemos de comida y bebida para los días de Etosha. Continuamos en dirección a una de las entradas del parque, Okakuejo.

Acampamos en El Dorado, una granja  de una familia de cazadores, con bungalows y área de camping, a pocos kilómetros de la puerta del Etosha. La recepción es  un salón lleno de animales salvajes disecados. El dueño nos dice que a veces tienen que abatir animales salvajes que salen de la zona protegida del Etosha. Le pregunto por las alambradas, y me responde que esto es África…Cuando un león aparece por las granjas las pérdidas económicas en los rebaños es altísima. Parece que no tiene reparo en cargarse a uno. En una zona alejada de la granja, vemos que tienen a tres guepardos en una zona electrificada, y también a dos leopardos que capturaron en los últimos meses. No nos dejan claro el motivo de sus capturas, ni el futuro de estas preciosidades.

 Dormimos en el camping con un cierto recelo por la proximidad de tanto carnívoro y  pensando en la frase del granjero cazador:”esto es África”…

En los siguientes días, acampamos dentro del Etosha National Parkl, desde la puerta hasta el camping a unos 20 kms de la puerta, ya nos cruzamos con jirafas, impalas, kudús y orix. El parque es enorme, unos 250 kms largo por unos 60, alrededor de un enorme lago seco de tierra blanca (“White pan” es el significado de Etosha). El lago parece un desierto blanco sin fin que se llena de agua en la época de las lluvias.

En los dos días de Etosha hacemos safari con nuestro propio coche, hacemos kms y kms por caminos  de tierra entre la sabana. A pesar de momentos de lluvia conseguimos ver jirafas, tres leones en una zona y en otra zona, una manada de 8 leonas. Así como numerosos chacales, gran cantidad de diversos pájaros y muchos avestruces. Una de las escenas más impresionantes fue una manada de chacales comiendo los restos de una cebra muerta.

 Al día siguiente fuimos con nuestro GPS a la zona donde habíamos visto la escena de chacales comiendo y no había un resto de la cebra. Posiblemente también habían contribuido las hienas. No conseguimos ver elefantes, a pesar de que insistimos en la búsqueda haciendo muchos kilómetros. Pero sí, muchas jirafas que se nos cruzaban  en medio del camino y un guepardo hembra con dos crías descansando después de haber cazado y devorado un impala.

Es lo que tienen de fascinante estas grandes áreas de reserva en África, todo depende de la suerte y la casualidad, ya que a cada momento las escenas cambian. Puedes ver un avestruz que se te cruza con 10 crías entre sus enormes patas y dos minutos después pasar otro coche por el mismo sitio y no ver nada.

Después de los días de safari, viajamos  en dirección al Oeste, a Korhixas por carretera bien asfaltada. Como otras ciudades en Namibia, es una pequeña ciudad  con dos calles. Namibia tiene solo 2 millones de habitantes, tal vez con el índice de natalidad más bajo de África. La escasa vida en las poblaciones se concentra alrededor de la gasolinera y del único supermercado. No hay ese bullicio propio africano de gente andando de un lado para otro, como en otros países. Continuamos viaje después de comer inevitablemente hamburguer y patatas fritas. Cogemos por pista de tierra unos 40 kms para ver un paisaje de árboles petrificados de millones de años, en medio de Welwitchias, las plantas carnívoras del desierto que solo se encuentran aquí y en Angola. Y continuamos viaje hacia la costa, por paisajes cada vez más áridos y desérticos. Vamos en dirección del Skeleton Cost National Park.  En medio de la nada recorremos montañas maravillosas y vemos animales salvajes en medio del camino, como una nube de impalas que despavoridas se nos atraviesan estrepitosamente delante del coche, huyendo no sabemos de qué. Son decenas de kilómetros sin cruzarnos con un solo coche. Parece que vamos al fin del mundo. Pero llegamos a  una cancela cerrada en medio del desierto. Es una de las dos entradas al parque, SpringbockWasser y a esta hora de la tarde está cerrada. Solo abren al día siguiente a las 7 de la mañana para asegurarse que los coches no tengan que conducir de noche por una de las zonas más inhóspitas del planeta. Acampamos en la puerta, sin más nadie en la zona excepto una familia, posiblemente los únicos en muchas decenas de kms alrededor. Nos alegramos de pasar la noche en absoluta oscuridad con una bóveda infinita de estrellas y rodeados de un paisaje tan virgen.

Al día siguiente conseguimos un permiso en la misma puerta para entrar y vamos en dirección a la costa, parando inevitablemente para fotografiar los paisajes. Estamos en vísperas de Navidad y queremos encontrar un sitio confortable. Pensamos que Torra Bay, en la costa, podría ser, pero cuando llegamos se trata de una zona de acampada en una costa que bien puede ser la de la muerte. Dunas y desierto de un lado, y mar de aguas congeladas con mucho viento del otro. Son las corrientes frías de Benguela que suben desde la Antártida. Torra Bay es un lugar indescriptible, parece una estación de investigación del Polo Sur. Un auténtico acampamento de blancos namibianos y surafricanos, aficionados a la pesca con cañas desde la desapacible costa. Torra bay es un conjunto de tiendas y lonas para protegerse del gélido viento, formando una pequeña aldea, hasta con calles, que solo existe dos meses al año, diciembre y enero, coincidiendo con las vacaciones locales. Y coches 4×4 con un frontal lleno de cañas colocadas en vertical formado un abanico abierto. Un pequeño comercio muy básico, es la única estructura de cemento, y abastece este acampamento temporal. Simplemente no hay turistas. Solo gente que “vive” aquí durante dos meses en condiciones precarias, con la única intención de pescar de sol a sol. Aprovechamos para comprar algo en el comercio y pasear por la “playa” con restos de barcos naufragados, costillas o vertebras de ballenas y focas muertas petrificadas por el sol y la sal. Decidimos ir en dirección norte para ver la desembocadura del río Uniab, que en esta altura está seco, pero deja en su delta una zona de lagunas con la única vegetación en la zona, líquenes rojos y áreas de hierba verde. Numerosos impalas y Orix beben y es refugio para flamencos y otras aves.

A pesar de la belleza salvaje del Skeleton Coast, obviamente decidimos que no vamos pasar la Navidad por estos parajes. Así que recorremos el parque de norte a sur para salir por la costa en busca de algo más civilizado. A pesar de lo salvaje de la zona, está muy bien protegido con gran cantidad de normas restrictivas para preservar lo máximo posible el medio ambiente. Más de 100 kms por pista de tierra dura por la sal hasta la puerta de salida. Una cancela enorme en el camino con 2 calaveras humanas como las banderas de los piratas, y costillas de ballenas. Pasamos entonces al Parque Nacional de Dorob, también llamada West Coast Recreation Area, también con enormes medidas de protección del medio. Nos cruzamos continuamente con coches cargados de cañas. La carretera paralela a la costa está llena de puntos de pesca conocidas por el número de millas que distan desde Swakopmund, como Mile 108,o Mile 72. Son pequeños acampamentos de aficionados a la pesca más pequeños que Torra Bay. Nos paramos para ver otro resto de barco y restos óseos de ballenas y focas.

Acampamos en Fisherman Inn, un hostal de pescadores en medio de la nada rodeado de la inmensidad del desierto, bajo un cielo gris y pesado. Al día siguiente queremos visitar Cape Cross para ver una colonia permanente de más de cien mil focas.

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Boas Festas!

Feliz Natal e um excelente 2012!

Feliz Navidad y un buen 2012!

 

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ANGOLA: Lobito- Benguela – Cuio – Lua – Lucira – Bentiaba – Namibe – Tombwa – Lubango – Huila – Chibia –Otjinjau – Chitado – Ruacaná (30 Novembro – 14 de Dezembro)

Benguela está a cerca de 30 km de Lobito, por uma estrada com boas condições. A cidade é bonita e muito organizada. É conhecida como a cidade das Acácias Rubras, pois durante o mês de Novembro florescem as acácias, deixando as ruas e os parques da cidade com tons de verde e vermelho. Visitamos o parque da cidade, com muitas palmeiras e a tais acácias floridas. Há duas igrejas principais, a do Pópulo, construída com materiais oriundos do Brasil e a Catedral de Benguela, uma verdadeira obra de arquitectura. Em forma prismática, com uma fachada em vidraça cónica com 3 cruzes e uma imagem de arte sacra dentro de uma moldura quadrada. Tudo isto é em betão.

A Baia de Benguela tem uma bonita marginal junto á praia Morena, onde apreciamos como as pessoas da cidade se divertem, sobretudo os miúdos, que entram na água, em grandes saltos para logo se empanarem na areia!

Por intermédio de um médico, português a trabalhar em Benguela, o Dr. Joaquim Magalhães, conseguimos visitar o serviço de Urologia do Hospital Central de Benguela, onde a escassez de recursos humanos é enorme. Há uma zona endémica de Schistosomiase, com o diagnóstico recente de tumores vesicais, que juntamente com os casos de Fistulas vesico-vaginais, resulta num excesso de doentes a tratar, não sendo suficientes os 3 Urologistas do serviço. Acabamos por conhecer o Director Provincial de Saúde, que mostrou interesse no nosso trabalho.

Passamos vários dias em Benguela, e como não há local de campismo, deslocamo-nos às praias próximas para fazer campismo selvagem. Uma verdadeira maravilha acampar em praias desertas, apenas com aldeias de pescadores que tão bem nos acolheram.

Conhecemos a Baía de Santo António, a 7 km de Benguela. É uma bonita aldeia de pescadores, onde a construção já está um pouco exagerada. Mais a Sul paramos na Caota, uma aldeia piscatória, num cenário quase desértico, com os tons ocre do chão e das montanhas contrastando com algum verde de pequenos arbustos. Na Caota há um porto pequeno, onde alguns homens tratam dos barcos, enquanto outros saem para o mar.

Por uma estrada em areia, com muitos buracos e pó, subimos até ao cimo do monte, para chegar ao que se chama a Caotinha. Daí a vista é impressionante, abrangendo praias em toda a sua extensão. Há um outro desvio, que leva a uma montanha onde se vê um pico chamado de ponta do sombreiro, dada a semelhança que apresenta com o mesmo.

Usando um desvio, disfarçado na paisagem, chegamos à Baia Azul. É uma bonita praia, com casas em construção e reconstrução das coloniais. Verdadeiros palácios de férias, ou de fim-de-semana, com acesso directo para uma praia fantástica. Gostámos tanto do sítio que foi um dos eleitos para acampar a maioria das noites. Há noite, na praia, assistimos à chegada dos pescadores, cujas mulheres esperavam pacientemente sentadas na areia, com cestos para recolher o peixe trazido.

Mais a sul, há uma outra baía com uma praia espectacular. Por estar mais longe de Benguela, não é frequentada, nem sequer pelos habitantes de Benguela. Chama-se Cuio, e é uma grande aldeia de pescadores, onde também nós resolvemos parar 2 dias. Para lá chegar seguimos na direcção de Dombe Grande. A estrada é excelente e a paisagem muito plana e desértica, apenas com algumas aldeias disfarçadas ao longe. Nota-se a aproximação das aldeias pela enorme quantidade de plásticos que com o vento ficam pendurados em pequenos arbustos. Árvores de Natal involuntárias!  Parámos em Dombe Grande onde almoçamos num tasco de beira de estrada. Carne estufada com funge, num belo manjar caseiro e tipicamente africano. Conhecemos aí Malik, um francês de origem marroquina, que depois de conhecer vários países africanos, concluiu que aquele era o local onde queria estar:”… Sou feliz! Já sou Angolano! Não me quero juntar aos velhinhos franceses do lar…” Uma visão positiva e verdadeira da forma como encara a vida!

Seguimos para a estrada na direcção de Cuio. São cerca de 17 km por uma estrada poeirenta de cascalho, mas numa paisagem verdadeiramente espectacular. Deserto puro, com montanhas e planícies, muito secas e leitos de ribeiros sem água. Tinham-nos dito que era possível encontrar macacos naquela zona, mas chegamos à aldeia sem os ver. Logo a entrada da aldeia há um autocarro abandonado, junto a uma bandeira do MPLA. Mais longe também oscila uma bandeira da Unita. Os dois símbolos lado a lado!

Há uma pescaria na aldeia, gerida por um Angolano a viver em Benguela, mas parece abandonada. Grande parte da maquinaria está desactivada, pois os barcos avariaram e agora o dono compra o peixe directamente aos pescadores, para de seguida revender. À esquerda da baia há montanhas e no alto das mesmas conseguimos adivinhar as silhuetas dos tais macacos. Aproximamo-nos e realmente reparamos na enorme quantidade de macacos. A vista do alto da montanha é magnífica. A baia de Cuio é extensa e de água transparente. Conseguimos ver 4 tartarugas marinhas espreitando na água límpida. Cruzamos toda a aldeia seguindo um trilho com rodados de carros. Chegamos a um descampado, já a cerca de 4 km da aldeia, onde acampamos depois de comprar peixe às mulheres da aldeia.

No dia seguinte, dia 3 de Dezembro, passamos o dia a assistir a um verdadeiro espectáculo, num palco gigantesco, ao ar livre… Os pescadores saiam num barco, lançavam uma rede e depois, lenta e coordenadamente puxavam a rede usando a força humana. Homens e rapazes, alguns ainda crianças, atam uma pequena corda à rede, que puxam inclinados, quase paralelamente ao chão. Ajudamos a içar o barco de pesca e, assim conseguimos a confiança dos pescadores, que nos deixaram estar com eles à vontade. Para facilitar o trabalho, um dos homens cantarolava uma cantilena, ao som da qual puxavam, sem demasiado esforço, dada a quantidade de homens que ali se juntou.

Quando a rede chegou, coincidiu com a chegada das mulheres com baldes e cestos para levarem os peixes para as aldeias e ali os venderem. Havia de tudo naquela rede desde chocos, raias, sarjão, linguados e outros pequenos peixes, que foram devidamente dividido. Quiseram-nos oferecer 2 chocos pela ajuda prestada com o barco. Achamos o gesto bonito, mas evidentemente preferimos pagar os chocos, por 500 Kz.  Acabamos por ficar amigos daquela gente simples. No final do trabalho, o Paulo, um dos miúdos, de cerca de 10 anos, explicou que tinham de ir a casa do dono da rede receber dinheiro: 300 Kz (2,3 Euros) para criança e 600 Kz para adulto, no entanto podia variar de acordo com a quantidade de peixe!

Na direcção do Namibe, pela costa, a estrada em terra batida, está em construção, com desvios e buracos, que a tornam cansativa, no entanto a paisagem é magnífica. Uma das noites, desviamo-nos para a Praia da Lua, orientados pela beleza do nome. Andamos por uma picada uns bons 25 km, na direcção da costa. Faz jus ao nome, pois é uma espectacular baia redonda como a Lua. É também uma aldeia de pescadores, com pessoas simples e muito pobres. Falamos com o Soba, chefe da aldeia que nos permitiu acampar num extremo isolado da aldeia.

No restante caminho até Namibe fomos parando por outras aldeias da costa, como Equimina, Lucira, Fael, Salinas e Bentiaba.  A estrada continuava má, no entanto a paisagem é digna de visitar. Desértica, sem aldeias, com algumas montanhas alternando com planícies cuja estrada percorre em rectas que terminam em curvas apertadas.

Bentiaba é uma vila grande que fica na foz de um rio. Parece um oásis, com palmeiras e uma área verde entre montanhas amarelas e poeirentas. Aproximamo-nos da praia e estacionamos o carro, onde 2 burros descansavam, próximo de 2 casas e uma bandeira da Unita! O Soba autorizou o acampamento no bairro da praia. Enquanto cozinhávamos, uns quiabos refogados aparece o Soba, Tito, o João habitante local e Augusto, um pescador, mais velho e em embriaguez total. Sabia que estávamos ali pois o Soba tinha-lhe dito. Era o coordenador do bairro da praia, pelo que tinha que dar o seu consentimento á nossa pernoita. Agradecemos a hospitalidade apertando a mão, dizendo que estava tudo esclarecido e que éramos todos amigos.

No dia seguinte seguimos o caminho na direcção ao Namibe. Agora sim estávamos a entrar no deserto do mesmo nome, antigo Moçamedes. Nesse dia, depois de tomar um café, bem português na Tropicalia, decidimos fazer um passeio pelo deserto seguindo na direcção de Tombwa, o Porto Alexandre dos tempos coloniais. Com a ajuda do GPS, que apresentava nessa zona muitos pontos atractivos começamos o percurso. A estrada para Tombwa é excelente, recentemente asfaltada, com deserto dos dois lado. Viramos ao km 20 na direcção de uma pequena montanha rochosa no meio do deserto. Ao longe via-se o efeito do calor que se desprende da terra simulando um espelho no chão. Foi quando vimos a primeira Welwitschia mirabilis. É de facto surpreendente ver uma planta milenar, bonita e única nesta região de Angola e Namíbia. O que era uma, transformou-se num jardim de Welwitschias. Enormes plantas rasteiras, com folhas compridas como tentáculos que se prolongam pelo solo desértico. A lástima é a atitude das pessoas, que deixam garrafas de cerveja vazias nas plantas, estragando tão belos exemplar e a paisagem em geral.

Embrenhamo-nos no deserto, em trilhos mal delimitados e orientados pelo GPS. Chegamos a locais onde a vista é deslumbrante sobre a imensidão do deserto. Há um local, que na nossa opinião poderia ser Património da Unesco. Chama-se o Lago do Arco. Um lago em plenos deserto, rodeado de montanhas rochosas de intensa cor ocre. Um completo ecossistema de água doce. O nome deriva de uma pequena comunicação, em arco entre duas partes deste lago.

Em Tombwa, como não tínhamos onde pernoitar, voltamos a usar o sistema de campismo na praia, desta vez junto a uma associação de pescadores e sob umas árvores na areia. Acordamos rodeados de putos que esperavam a saída dos turistas, iam contando, pensando que da pequena tenda sairia uma legião de brancos… “Tem gente”, “Quantos são?”. E a curiosidade não os fez arredar pé do local.

A cidade festejava nesse dia o 157ª aniversário, estando muito calma. Tem edifícios originas da ex-colonia portuguesa, pelo que estão muito degradados, alguns pintados recentemente, mas mantêm a mesma estrutura de quando a cidade se chamava Porto Alexandre. Nesta zona da cidade o cheiro a peixe é muito intenso. Aproximamo-nos da praia, numa zona de pescadores. Na praia havia um antigo pontão abandonado e muitos miúdos a brincar na água. Apesar da beleza do local, está transformado numa latrina a céu aberto, onde não há pudor de descarregar os instintos fisiológicos em plena luz do dia!

Regressamos ao Namibe, onde passeamos um pouco, visitando o cine-teatro, o Palácio da Justiça e a igreja de Santo Adrão. Deste ponto vê-se a marginal, com um belo passeio a beira-mar. Bem perto deste local, há um espectacular edifício inacabado de forma arredondada, simulando uma Welwitschia. No tempo colonial começaram aquela obra, que seria um cinema, mas dada a guerra as obras foram abandonadas e nunca acabadas. Neste momento é usado pelos locais como casa de banho pública, que nós baptizamos como Cagodromo, sendo, sem dúvida uma pena que tal edifício tão imponente não seja recuperado, mas sim transformado na maior latrina que algum dia vimos. Para percorrer o seu interior era necessário olhar para o chão e ter sorte para não pisar nenhum dejecto mais recente… O cheiro indiscritível!

Visitamos o mercado, onde vimos as primeiras mulheres Mucobal. Aí fomos abordados pela polícia de imigração que nos obrigou a ir ao comando registar-nos, dado que éramos turistas. Por aqui se nota que Angola não é um país turístico! Se não mudam esta regra, não tardará a terem autocarros de japoneses a invadir o comando da imigração local!

A caminho de Lubango vimos muitas pessoas de etnia Mucobal. Demos boleia primeiro a 2 homens e mais tarde a uma mulher. Os homens usam um pano a cinta, e umas sandálias feitas de pneu. Transportam um pau e uma catana. As mulheres também com um pano a cintura e em tronco nú, apertando os seios com cordéis, por vezes com missangas.

A estrada de Namibe ao Lubango passa pela serrada Leba, outro ponto turístico possível património cultural da Humanidade. Desde o topo vê-se a estrada serpenteando a serra, num zig-zag desenhado milimetricamente na montanha. Magnífico!

Seguimos para Lubango. À entrada da cidade vimos a indicação para o Cristo Rei. Uma estátua semelhante ao Cristo Rei do Corcovado e de Lisboa, mas menor. Do alto a vista sobre Lubango é deslumbrante. A cidade é grande, mas muito deste alastramento é devido a musseques que surgiram nos arredores.

Já no Lubango, fomos visitar o alto da Senhora do Monte e passeamos um pouco pelo centro. Não há local de campismo acessível, pelo que pedimos para dormir no Botequim Flor do Monte, onde uma família de Angolanos, de origem portuguesa tem um negócio simples de restauração, desde há 40 anos.

No dia 10 de Dezembro foi dia de festa, o dia da comemoração dos 55 anos do MPLA, o partido no poder. Passeando pela cidade acabamos no local da festa, onde os populares vestiam T-shirts brancas com a bandeira do partido assim como bonés das mesmas cores. Éramos os únicos turistas no meio da multidão e acabamos no meio de um grupo de Mumuilas, um outro grupo tribal desta zona sul de Angola. Faziam um círculo e dançavam no meio. Mostramos curiosidade e admiração e fomos ganhando a atenção do grupo. Terminamos no círculo tirando fotos a quem entrasse na sua vez a dançar. As mulheres usam colares de missangas exuberantes e exagerados, penas na cabeça, chocalhos nos pés e mamas destapadas. Os cabelos em tranças estão cobertos de lama. Ali ficamos completamente contentes pelo privilégio que todas aquelas pessoas nos deram, de poder participar nesta festa. Foi pena a luz do sol tão intensa que contrastou demasiado as fotos.

Almoçamos nas barraquinhas de rua da festa do partido, onde conhecemos Benancio, um funcionário público muito divertido, que entre a embriaguez e o contentamento do dia nos fez rir cada vez que sacava do seu catecismo para fazer referências bíblicas. Comeu connosco, do mesmo prato, dada a satisfação e talvez fome que tinha no momento, concluindo que nós seriamos trigo e não Joio…”

Após a festa dirigimo-nos a Tundavala, onde 3 miradouros permitem observar uma falésia, com uma altíssima fenda entre duas escarpas. Resolvemos ficar no parque de estacionamento até que a lua cheia subiu como um enorme bola de fogo. Era o sítio ideal para pernoitar. O vento dificultou a sessão gastronómica, mas concluído o jantar recolhemo-nos na tenda, em plena Tundavala! Na manhã seguinte, demos uma pequena caminhada pela montanha, sentando-nos naquela varanda natural, com vista ao verde manto africano!

Depois de estar com os grupos tribais na festa do MPLA surgiu a curiosidade de saber onde vivem e o ambiente em que vivem. Sabíamos que a maioria destas tribos são da zona de Huila e Chibia e por isso tínhamos vontade de ir até lá. A estrada até Huila está em boas condições, excepto os 7 km finais, esburacados e enlameados.  Em Huila visitamos as cascatas, onde um grupo de rapazes, nos pede dinheiro para pão. Fizemos ouvidos duros, enquanto víamos as cascatas, mas de facto estávamos pouco a vontade, pelo que depressa voltamos ao carro. Os miúdos voltam a pedir, e foi quando tenamosi ali uma lição de moral, talvez incorrecta mas explicando que pedir não é solução, que devem fazer algo por merecer o dinheiro, seja orientar os visitantes na cascata seja vendendo alguma coisa, como por exemplo cestos de vime que um deles demonstrou saber fazer. Acabamos por dividir, entre eles, o pão que trazíamos.

Voltamos a estrada principal e depois de uma tentativa de percorrer a estrada até Matala, resolvemos desviar-nos na direcção de Chibia, uma cidade pequena, parecendo pouco interessante. Enquanto estacionávamos o carro em frente à única pensão da cidade, ouvimos um estrondo, ficando com o carro desnivelado. O carro pura e simplesmente acabava de cair ao chão. O Pablo saiu para ver o que se passava, uma vez que era eu que conduzia e diz-me: partimos o amortecedor, uma vez que o guarda-lamas encostava no pneu. De facto o que encontramos foi o triângulo de transmissão a direita desencaixada e no chão onde fez um buraco no alcatrão.

Ficamos desesperados, sem saber o que fazer. Não havia mecânico em Chibia e sendo domingo era difícil encontrar algum em Lubango. Depois de 17000 km sem um furo, temos uma avaria aparentemente grave e nós com apenas 3 dias de visto em Angola. Menos mal que não foi numa das estradas em terra batida, onde não passa ninguém. Afinal havia sorte e esta não ficou por aqui. Precisamente nesse momento estaciona atrás de nós um casal de portugueses que ia almoçar na pensão. São O Carlos Sousa e a Susana, do norte de Portugal a viver e trabalhar para uma empresa de Lubango. Para esta empresa trabalham também mecânicos da Toyota. O Carlos Sousa com um telefonema conseguiu que dois desses mecânicos viessem de Lubango ver o que se passava. Enquanto esperávamos, almoçamos com eles e tratamos de conhecer-nos. Surpreendente a coincidência que foi a nossa sorte, pelo que agradecemos a amabilidade disponibilidade mostrada.

Chegaram entretanto os mecânicos. Observaram a avaria, e concluíram que havendo a peça no dia seguinte se resolveria facilmente. Bebemos duas rodadas de cerveja com eles, que nos falam da vivência em Angola.

Após elevar o carro com o macaco. Jantamos na rua, sobre o olhar atento dos guardas da pensão. Parecíamos desalojados, sem recursos … mas isso não importava, o que de facto esperávamos era resolver o nosso problema no dia seguinte…

No dia seguinte, enquanto esperávamos, conhecemos Esteban, um galego a viver em Chibia, há 15 anos. Exporta granito, possuindo uma empresa em expansão. Após a chegada dos mecânicos, e de resolverem o problema, o Esteban convidou-nos a almoçar em sua casa. À sombra de uma árvore, no seu jardim, almoçamos, enquanto o seu mecânico, emigrante português e curiosamente de Amarante, fez uma breve revisão da parte do motor do carro. Não sabíamos como pagar esta divida ao Esteban e a sua hospitalidade. Apenas pudemos contribuir com o que sabemos… para isso, fizemos uma rápida observação clínica das “partes” dos 5 filhos do Esteban, dada a dúvida deste quanto a circuncisão. Alinhamos os rapazes como na tropa, calças abaixo e sobre a mesma sombra da árvore avaliamos um a um… Tudo em ordem! Apenas medidas preventivas!

É o momento de agradecer a todas estas pessoas que nos ajudaram nesta pacata cidade do sul de Angola! Obrigado a todos pela simpatia e amizade!

Despedimo-nos e seguimos mais para sul, em direcção a Cahama. Passamos por muitas aldeias e reparamos em algumas Mumuilas que circulavam pelos caminhos no mato. Desviamo-nos para o interior saindo da estrada principal, que se transformou em pista de más condições. Íamos na direcção de Otjinjau. Passamos por algumas pessoas da etnia Mundimba, que andam em tronco nu, com colares de missangas e um pano que serve de saia. As mais pequenas, usam no cabelo missangas parecendo simular uma peruca. Transportam trouxas a cabeça, certamente com produtos que vendem nos mercados.

Chegamos finalmente a Otjinjau. Decidimos acampar junto a um forno da aldeia onde acabavam de cozer pão. Passeando pela aldeia encontramos uma lanchonete, onde acabamos numa pequena festa. Éramos nós, juntamente com os 2 rapazes empregados da lanchonete, mais um grupo de Mundimbas que ali se aproximaram pela curiosidade. Entre a música, dança, Ngolas e as fotos passamos ali um bom momento, inesperado. Alguns comiam, dançavam, bebiam, riam… e nós no centro daquela barafunda tribal em Otjinjau! Grande momento!

No dia seguinte, saímos da aldeia em direcção a Chitado. Demos boleia à professora Ana, de Chitado. Esperava em Otjinjau há 5 dias, sem nenhuma boleia passar. Pelo caminho contou-nos as dificuldades que teve perante o funeral da sua mãe, naquelas remotas paragens. Sem dúvida um interessante capítulo de um livro.

Estávamos a aproximar-nos de uma zona de Muchimbas, uma etnia frequente nesta região, em que as mulheres cobrem os seus corpos de uma mistura de gordura e pó de uma pedra, para se protegerem do sol. Um primo da professora Ana casou com uma Muchimba pelo que aproveitamos para os visitar. Um mundo aparte. Não falam português, apenas um dialecto próprio. As mulheres são quem trata das casas, dos filhos e dos animais, mantendo a elegância e ostentando adereços próprios, com a classe e altivez de uma mulher da civilização mais evoluída!

Foram muito simpáticos connosco e prometemos voltar. Levamos a Professora Ana a casa. Em Chitado há uma mistura de Mundimbas e Muchimbas! Numa mercearia local, onde compramos bebidas frescas conhecemos um grupo de Mundimbas, que ali ficaram connosco, conversando, bebendo e rindo… A rotina daquele povo, quebrada por dois brancos curiosos que eles bem receberam.

Voltamos a aldeia Muchimba, onde ficamos a dormir. Sem comunicação verbal possível, mas com desenhos e gestos mostramos a tenda, finalmente o chefe da família percebeu que íamos pernoitar ali. Ficamos afastados, para não interferir com a vida habitual deste espectacular família, com 10 filhos! Apenas 2 raparigas, adolescentes, já adereçadas como adultas, com os corpos cuidados e os cabelos devidamente ungidos na lama protectora!

No dia seguinte, partimos para a fronteira assim nos despedido deste espectacular país, sem turismo, mas com todo o potencial para ser um local que um dia atrairá muitos turistas aventureiros.

As formalidades fronteiriças, em Ruacaná foram rápidas e eficientes de ambos os lados. Estávamos assim a entrar Namíbia, o 14º país desta Odisseia!

 

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ANGOLA: Pungo Andongo (Pedras Negras) – Kalandula – Kangandala – Malanje – Quibala – Gabela – Conda – Uke – Sumbe – Binga – Huambo – Lobito (21-29 de Novembro)

Al día siguiente nos despedimos de Salett agradeciéndole su hospitalidad y sus deliciosos desayunos aun calientes en nuestros estómagos. Nos aprovisionamos en el supermercado surafricano archiconocido e iniciamos camino hacia el interior del país. Nos lleva más de una hora para salir de la capital. Nuestro próximo destino: Malanje, capital de la provincia del mismo nombre. El paisaje se va volviendo cada vez más verde y emocionados, cruzamos kilómetros de bosques de baobabs, esos arboles centenarios que recuerdan a las patas de los elefantes.

La carretera está en buen estado, con un nuevo desvío a la izquierda, antes de llegar a Intombe. Es un atajo hasta  N´Dalatando, donde aprovechamos para almorzar: plato principal a unos 15 euros, que nos hace  preguntarnos, estamos en Africa?. A seguir nos hacen parar en un control policial, una agente uniformada nos pide directamente los papeles del coche y una “gasosa”, que es la palabra que se usa para una  propina económica. Así, por la cara. Les enseñamos todos los papeles, que hojea sin interés ya que solo está interesada en la “gasosa”. Dice que tiene sed e irónicamente le respondo que solo tenemos agua mineral, y con la técnica del “remolón”, acabamos con su paciencia y nos deja marchar.  Llegamos a Cacuso y nos desviamos hacia la derecha en dirección a Pungo Andongo para visitar  un  lugar conocido por Piedras Negras. Por una carretera sorprendentemente asfaltada con farolas alimentadas con energía solar que iluminan los pasos de cebra entre las aldeas, continuamos unos 40 kms hasta aparecer ante nosotros un imponente paisaje de rocas grises enormes. Parecen gigantes sobres la línea del horizonte. Se trata de tres grupos de formaciones rocosas, de varios kms simplemente espectaculares sobre un verde manto de sabana que parece terciopelo.

Una vez en Pungo Andongo, identificamos en nuestro GPS una zona de pic-nic, aislada, sin un alma, en medio de los gigantes grises de decenas de metros de alto. A pesar de cierto recelo por el aislamiento y de las zonas desminadas a nuestro alrededor decidimos acampar. Era tarde y el escenario se convirtió rápidamente en noche oscura de viento y frio, con dificultad para dormir.

Con la luz del nuevo día, el paisaje se vuelve ameno y vamos a visitar unas huellas de pies en las rocas. Dicen que son de la Reina Ginga, antigua reina  de Angola antes de la colonización. Aunque en realidad se tratan de huellas de la prehistoria, durante la formación geológica.

Volvemos a Cacuso  y allí  cogemos por una pista de tierra batida que traviesa la verde sabana angoleña unos 45 kms hasta Kalandula. Atravesamos  el rio Lucala por un puente  reconstruido de la guerra, aunque deja ver su estructura antigua.

En Kalandula vamos al mirador de las famosas cataratas, antiguamente llamadas de los Duques de Bragança, con una caída vertical de 105 metros. Simplemente maravillosas. A l otro lado, un antiguo hotel abandonado en medio de la montaña  y en sitio estratégico con vistas a la cascada, recuerda la época colonial olvidada en el tiempo, y la desidia actual por recuperar el edificio.

Almorzamos en la aldea y en la mesa de al lado un policía se levanta para saludarnos: Insiste en darnos su número de teléfono por si tenemos problemas y al final nos sorprende con su pedido de  “gasosa”. Usamos la técnica del remolón, y adiós muy buenas.

Continuamos viaje hasta Malanje. A la entrada de la ciudad un nuevo control policial nos para y sus dos agentes intentan “gasosa” por todos los medios, pidiendo todo tipo de papeles. Sus escusas para multarnos: el hecho de tener los cristales oscuros sin ser los originales. Pidieron extintor, les mostramos 2. Ahora los triángulos, después los chalecos reflectantes. Y  la escena parece un concurso. Y por último querían multarnos porque decían que era obligatorio llevar pegado en el salpicadero el nombre y dirección del propietario del vehículo…era de risa. Intentando uno de ellos tergiversar la conversación diciendo que Carlos había pedido la multa. Al final me piden mi opinión, ya que el coche está a mi nombre. Uso la técnica del remolón pelota: que si hemos venido a conocer esta tierra de buena gente y paisajes maravillosos, convenciéndoles que no había motivo contundente de multa. Acabamos con la paciencia de los policías, “invitándonos” cabreados a seguir nuestro viaje, sin haberles dado ni un Kwanza.

Vimos de pasada  Malanje y nos dirigimos hacia Kangandala, más al Sur con intención de visitar su Parque Natural con numerosos ejemplares de palanca negra gigante, herbívoro autóctono y símbolo del país. Un control más de policía saliendo victoriosos con el capote filosófico y llegamos a Kangandala.

No hay manera de encontrar un sitio para acampar y al día siguiente tratar de entrar en el parque. Parece que necesitamos un permiso de la Administración que a esta hora está cerrado.  Con la noche encima acabamos por acampar en una misión católica dirigida por tres hermanas  que muy amablemente nos dejan acampar en el recinto de la misión. Preparamos cenita internacional: bacalao portugués de Dona Margarida con garbanzos, vino dulce de Chipiona ,y cerveza Cuca angoleña…  y Amen.

Después de otra noche de frio, nos levantamos con el ruido de los trabajadores de la misión. Acaban de encontrar una serpiente a la que matan, mientras algunos niños de la escuela entran en el recinto para comer los mangos caídos. Nos despedimos de la hermanas, dejando un donativo que difícilmente acaban por aceptar.

Damos un salto a la Administracion  de  Kangandala, y nos informan que para poder entrar en la Reserva  para ver la palanca negra, es preciso pedir una autorización en el gobierno provincial de Malanje a 30 kms atrás. Así que decidimos volver a Malanje , donde  en la delegación de medio ambiente nos dicen que el Reserva está temporalmente cerrada al turismo hasta dentro de año y medio. Y que en esa altura tendremos que pedir autorización por escrito con antecedencia al gobernador de la provincia. Se ve que este país no está preparado aún para el turismo. La palanca negra tendrá que esperar…

Nos volvemos nuevamente por, desviándonos por Pungo Andongo y después Mussende  y Andalo. El paisaje se llena de baobabs y campos muy verdes. Están acabando de asfaltar la carretera hasta Dondo y los últimos 70 kms son de pista dura.

En Dondo giramos a la izquierda y entramos en la general que atraviesa el país de Norte  a Sur, ya asfaltada. Cruzamos el rio Kwanza, que da nombre a la moneda del país, con rápidos fantásticos del lado izquierdo.

Vamos ascendiendo lentamente  el altiplano de Angola a unos 1300 metros de altitud. Por la hora tenemos que hacer noche en una localidad llamada Quibala, en medio de un paisaje verde de montañas y rocas enormes. Acampamos en la Pensao Pedras Soltas,  que queda después de la gasolinera a la izquierda. Tiene un recinto grande para acampar y la dueña nos dice que paguemos la voluntad.

Al día siguiente vamos en dirección a Gabela en medio del altiplano, con gran cantidad de edificios coloniales. Unos kilómetros después, nos salimos de la carretera asfaltada por camino de tierra en dirección a Conda pasando por paisajes deslumbrantes y atravesamos el rio Keve por el puente antiguo. En el camino subimos en el coche a un chico lugareño durante unos kilómetros. Y antes de llegar a Uku-Seles volvemos a subir a dos adolescentes que van a la escuela en Uku.

Desde aqui giramos hacia la derecha y bajamos a la costa por carretera asfaltada  hasta Sumbe,  capital dela región de Kwanza Sur. La llegada a la costa la celebramos con cerveza  fría en uno de los restaurantes de la playa y tiramos unas fotos de la iglesia junto al mar en forma de prisma con un alto campanario .Es una pena que la playa por el lado izquierdo es un basurero de los barrios próximos de los acantilados.

Continuamos viaje hasta las cataratas de Binga ,a unos 40 kms de Sumbe y llamadas “cachoeiras”.  Son impresionantes, de unos 100 m de altura sobre el rio keve. Tras pedir autorización al administrador de Binga, nos dejan acampar arriba de la cascada, junto al famoso puente de los portugueses, actualmente inhabilitado, con una placa avisando del peligro de minas y un equipo de militares desactivándolas en la zona. Desde el puente nuevo construido en 2003 tenemos una perspectiva fantástica del antiguo, que fue testigo de sangrientas escenas de la guerra unos años atrás.

Nuevo día reluciente de sol, y vuelta a Quibala, y por tanto, de nuevo en el altiplano en dirección hacia Huambo. La carretera esta fenomenal y volvemos a subir a una joven con su hija durante unos treinta kilómetros.

Pasamos dos controles de la policía que nos piden documentos y conseguimos no dar “gasosa”. Realmente estamos sorprendidos con la policía porque no son así tan insistentes y cuando piden, es amistosamente. Si tienes calma y les explicas, no tienes por qué pagar nada. No se les puede temer. Llegamos a Huambo, antiguamente llamada Nueva Lisboa y considerada por muchos la ciudad más bonita de Angola, a pesar de ser duramente castigada por la guerra. Pero ha sabido recuperarse y conservar muchos edificios coloniales. Una vez más no hay sitio para acampar, problema constante  en Angola. Y los hoteles son carísimos, incluso  pensiones y hostales alrededor de 100 euros.

Finalmente conseguimos en las traseras de la Iglesia de Fátima, con la autorización del párroco. Aprovechamos la tarde para pasear por el Jardín de la Cultura y comer una bola de Berlin en el frecuentado Novo Imperio. Damos un salto a la rotonda donde se encuentran el monumento de Norton de Matos, y un fabuloso busto de la heroína Deolinda Rodrigues que siempre luchó por los derechos de los niños. Por la noche cenamos con nuestro contacto en Huambo, el Dr Paulo que trabaja en la clínica Boa Esperança  y que insiste en que nos quedemos alojados en su gran casa durante unos días. Desde aquí agradecemos su gran hospitalidad y simpatía, así como la de sus empleados. Visitamos la clínica donde trabaja y hace de gestor. La lluvia hace acto de presencia en una noche fría. La ciudad está  a 1700 m sobre nivel del mar y  nos sabe a gloria dormir en cama bajo techo.

Aprovechamos los tres días en Huambo para descansar y ponernos al día de las crónicas del blog. Paseamos por la tranquila ciudad de amplias avenidas y por la plaza del memorial del Dr. Agostinho Neto, primer presidente de Angola tras la independencia. Dicen que es la plaza más bonita de Angola. Tiene numerosas casas de la época colonial portuguesa, algunas de ellas restauradas y en muy buen estado. Un cafelito en el famoso hotel Nino y almuerzo en el Jango. La comida angoleña tiene una gran influencia portuguesa, y te hace sentir que estar en el Chiado, en pleno corazón de Lisboa.

Realmente ha sido un fin de semana de descanso, “muito obrigado”  Paulo.

Vuelta a la carretera,  en dirección a Lobito y de nuevo hacia la costa. En  el Alto Hama giramos hacia la izquierda por una carretera estupenda y pasamos junto al pico más alto del país, “O Morro do Moco”, de 2605 m. Después de unas 4 horas de viaje llegamos  a Lobito. El paisaje se ha vuelto seco y árido, casi desértico, nos recuerda al paisaje de Almería. Los barrios periféricos son feos y polvorientos, pero bajando a la bahía se llega al puerto y al centro. Lobito tiene un brazo de tierra estrecho de varios kilómetros de largo, paralelo a la costa, que nos recuerda a la isla de Luanda. Las casas coloniales son espectaculares, con mar de un lado y de otro. Acampamos en la misma playa de Restinga junto al restaurante Sosego de Mafa. Su simpático dueño, Virgilio, nos autoriza  acampar dejándonos usar los aseos y agua sin pagar nada. Y la clave wifi de internet.

Aprovechamos el pescado barato en la zona y un atún que asamos a la brasa nos da para comer durante dos días.

Durante los días de acampada nos hacemos amigos de los trabajadores del restaurante y de los guardas de seguridad de las casas de la playa. Pasamos dos días de baños en un mar trasparente y prácticamente para disfrute de nosotros solos. La ciudad es sumamente tranquila con puestas de sol típicamente africanas y noches cálidas con el ruido de las olas.

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ANGOLA: Luanda (17 – 21 de Novembro)

Dormimos muito bem. Colchão confortável e o local super tranquilo, não se ouvindo qualquer ruído. Nem mesmo o da Ana a sair as 5:30 da manhã para o trabalho. Um dois princpais problemas de Luanda e aquele de que todos se queixam é o trânsito. De Luanda Sul até ao centro pode demorar horas, logo é necessário sair bem cedo para chegar a tempo ao trabalho.

Nos dois dias seguintes fomos para a cidade com a tia Salett, que tem uma florista no centro de Luanda, na Praia do Bispo. Para lá chegar desde Luanda Sul passamos na Corimba e na Samba. São nomes que toda a minha infância escutei da boca dos meus pais e tios que viveram em Luanda antes de 1974. Imagino que esteja completamente diferente daquilo que era, uma vez que construíram uma nova estrada que destruiu as casas de antigamente.

Luanda tem bom aspecto, apesar de parecer uma cidade caótica, com zonas muito pobres, sobretudo nos morros, de onde as pessoas atiram o lixo que ao longe parece um tapete colorido. Há casas de adobe no alto do morro, constituindo bairros de lata a que chamam musseques. Mas no geral, é um caos organizado, típico de uma capital Africana!

Encontramo-nos com o amigo Júlio Santos, Urologista de Luanda, que durante os dois primeiros dias se disponibilizou a mostrar um pouco da cidade. No primeiro dia visitamos o Mausoléu do Agostinho Neto, a cidade alta, onde estão os edifícios do governo, as obras da Assembleia Nacional de Angola, um monumento circular no inicio da marginal, com inscrições referentes às 18 províncias de Angola, contando um pouco da sua história. A caminho da ilha vimos o antigo hotel Panorama, desde há 2 anos desactivado, e passamos pela floresta, um pequeno bosque no meio da ilha que está ocupado por barracas de moradores mais desfavorecidos. Visitamos a Clínica Sagrada Esperança, onde por coincidência encontrei um colega Cirurgião do Hospital de Braga, o Dr. Ricardo. Gostei de o rever e de conversar sobre os velhos tempos!

A ilha está em reconstrução, com grandes obras, mas ainda mantém uma serie de bares a beira-mar onde se está muito a vontade. Aí almoçamos com o Júlio, que realmente foi um óptimo guia turístico. Provamos a primeira Cuca e mergulhamos no Atlântico da Ilha de Luanda!

No dia seguinte continuamos a visita turística por Luanda, após almoçar Calulu (semelhante a moamba mas com peixe) com funge feitos em casa da tia Salett… Delicioso! Nesta tarde visitamos a igreja da Sagrada Esperança, onde os meus pais se casaram e a minha irmã foi baptizada. A igreja tem arquitectura é colonial, mas pode ser perfeitamente contemporânea. Nunca vi a igreja antes, mas acredito que se mantenha muito semelhante ao passado. Por trás da igreja está a maternidade, onde a minha irmã nasceu. Foi restaurada e funciona bem e com boas instalações. Continuamos o passeio. Passeamos pela Mutamba, pelos Combatentes, com a avenida mais larga do tempo colonial. Passamos na praça 1º de Maio com a estátua do Agostinho Neto, e visitamos o Museu de História Natural, com exemplares embalsamados de animas da savana incluindo a pacaça e a palanca negra gigante.

Percorremos a Marginal. Está em reconstrução. Vêm-se várias gruas no ar que elevam prédios altíssimos modernos que se misturam com os coloniais. O edifício do porto também da época colonial mantém-se em funcionamento. No extremo oposto ao porto está o prédio cor de rosa do Banco Nacional de Angola. Luanda é bonito e tem tudo para ser a cidade mais cosmopolita de África. Só é necessário diminuir a criminalidade ao nível zero. Será Possível?

As noites foram passadas na companhia da Ana e da tia Salett, duas pessoas espectaculares que sabem acolher bem! Jantares óptimos, em casa confortável, de facto precisávamos de um pouco de conforto depois de 60 dias de estrada e tenda de campismo! Numa das noites até fomos ouvir música ao vivo ao Zodabar, em Luanda Sul! Era noite de música brasileira e por momentos pensamos estar no Brasil! Mas havia gente de todo o lado. Rimos bastante, tentando adivinhar as nacionalidades… As Europeias destacam-se pela moda do salto raso!

No dia 19, o Júlio tinha-nos convidado para o Alambamento, ou seja pedido de casamento que o seu irmão iria fazer à namorada. A Ana foi também convidada, pelo que nos encontrámos com o Júlio em sua casa para logo seguir até a casa da futura noiva, no Golfo 2. Conhecemos a Quinzemba, esposa do Júlio, que também nos acolheu muito cordialmente. Da casa do Júlio conseguimos uma vista espectacular sobre o bairro de São Paulo e ao longe a Cuca, mais dois nomes que me lembro de ouvir frequentemente.

O alambamento consiste no pedido de casamento que o rapaz e a família fazem aos pais e família da noiva. Em troca, há uma serie de multas a pagar de acordo com a vontade do tio da noiva. Fazem uma lista de bens que querem para esse dia. Juntamente com os bens há uma carta enrolada no interior da qual há determinado valor em dinheiro. A carta é pré-feita e descreve o amor entre os dois e o pedido formal de noivado. Se as famílias não concordarem com o pedido podem reclamar mais multas que as pré-determinadas. Parece um jogo, mas é uma tradição antiga que muitas famílias ainda preservam, e que nós tivemos a honra de presenciar!

Conhecemos toda a família do Júlio e o noivo chamado Adilson. Esperamos que o tio da noiva desse ordem de entrada. Havia cadeiras dispostas frente a frente, para as respectivas famílias, em separado. As pessoas apresentaram-se um de cada vez, levantando-se e dizendo o nome e parentesco. Chegou a nossa vez e os três nos levantamos dizendo o nome seguido de: “Primo do noivo!” Seguiu-se uma conversa entre o pai do Adilson e o tio da Noiva (Nidieska)! Entregaram a carta, seguida dos bens que a família do noivo (nós inclusive) carregou expondo frente a família de Nidieska. A mim calhou carregar uma grade de cerveja, Super-bock! Ao Pablo uma de Cristal. A Ana ficou de fotógrafa!

Depois dos valores em dinheiro e bens materiais serem expostos e conferidos foi altura de mandar subir a noiva! Aí sim se oficializou o pedido com um anel e brindamos! A festa seguia mas num local diferente. Desta vez teríamos que ir ao centro da cidade, no bairro azul. Desta vez a tia Salett juntou-se anos após insistência nossa e do Júlio! Havia uma mesa com comidas africanas. Comemos moamba, cachupa, e outros pratos africanos, muito bons. Tudo acompanhado de Cuca. Depois começou a música e ai sim foi ver o espectáculo. Todas as pessoas dançavam com o saber africano. Aquilo que nós não sabemos e os Angolanos sim… no entanto não nos inibimos e dançamos os quatro. Houve uma altura que estava só eu e Ana perdidos de rizo a dançar. Os únicos na pista e provavelmente todos os restantes a olhar para nós. Depois a música mudou e começaram a dançar a tarrachinha, um tipo de música muito sensual em que se colam os pares e maneiam lentamente sobretudo nas ancas. Sexo com roupa, por assim dizer! Também houve espaço para o Kuduro e o Milindo. Foi de facto um dia espectacular, que agradecemos ao Júlio e família, a oportunidade de assistir a uma festa tão privada e já agora: Viva os Noivos!

No domingo, aproveitamos o bom dia de sol para visitar a Ilha do Mussulo. A tia Salett tem uma casa ali, mesmo junto a praia. Com a ajuda de um marinheiro conhecido, o Palanca Negra, atravessamos do cais à ilha. Nesse dia o Pablo acordou mal disposto, mas foi recuperando lentamente.

No Mussulo, a casa com a sua decoração de praia é muito agradável. Após o primeiro mergulho a amiga Magda, portuguesa a viver há longa data em Luanda veio buscar-nos no seu barco para almoçar em casa dela. Uma família muito simpática, que foi impecável connosco, inclusive na ajuda dada sobre locais a visitar em Angola. Aí almoçamos, peixe grelhado e Moamba. Estava delicioso o almoço a beira-mar!

A ilha tem muito potencial turístico e durante a tarde fomos dar um passeio com a intenção de ver a contra-costa. A Ana foi com o filho mais novo da Magda, o Nuno numa moto-4 e nós fomos com a Magda e a Salett num veículo com tracção. Um passeio deste género é muito agradável, sobretudo porque deu para passearmos pela ilha e ver os contrastes. De um lado a riqueza dos habitantes de Luanda que passam ali os fins-de-semana em casas enormes com barcos à porta, fugindo ao stress de Luanda, do outro lado os pescadores da Ilha, que vivem em cabanas de piores condições.

Regressamos a casa e depois de tudo arrumado, o driver da Magda levou-nos na lancha até Luanda. Desta vez dispensamos o Palanca Negra! A Salett tinha combinado jantar com a amiga Elsa. Fomos ao La Vigia, um restaurante muito agradável no centro de Luanda, que se notou ser a casa de muitos portugueses. Havia jogo de futebol, do Sporting, o que prendia a atenção de muita gente. O jantar delicioso, uma garoupa grelhada, e em muito boa companhia. O Pablo comeu pouco, uma vez que mantinha a indisposição. Não evitou os medicamentos ao chegar a casa.

Chegando a casa despedimo-nos da Ana, agradecendo todo o cuidado e atenção que teve connosco. Para mim foi óptimo reavivar esta amizade!

No dia seguinte acordamos lentamente, pois sabíamos que as próximas noites não iriam ser em tão boas condições. Só tinha pena da Ana, ao saber que ele já se tinha levantado tão cedo e descansado tão pouco, por nossa causa. Obrigado Ana!

Tomamos o pequeno-almoço com Salett, conversando mais um pouco e fazendo um balanço da amizade e dos bons tempos passados em Luanda. Depois de tudo pronto despedimo-nos, com pena, da Salett que tão bem nos acolheu. Sem dúvida, uns dias de quebra do cansaço da viagem, com excelentes condições e numa companhia excepcional, pelo que estamos muito gratos a Ana, Salett e ao Júlio!

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ANGOLA: Cabinda (15 – 16 de Novembro)

A chuva persistia e não tínhamos vontade de ficar em Pointe Noire, pelo que decidimos seguir viagem para Cabinda. Depois de nos despedirmos dos Paul’s e da Maria saímos do clube náutico em direcção à fronteira.

 Paramos num controlo policial onde registaram os dados do nosso passaporte. A fronteira é confusa, com muito movimento. Muitos carros, camiões, e sobretudo muita gente a pé. É uma zona de comércio. Já se ouvia falar português na mistura de gente que ali se encontrava. No posto de imigração a saída foi fácil. Chegou a vez da alfândega que foi um pouco mais complicado, dado que era necessário pagar mais 10000 CFA.

Estacionamos o carro na terra de ninguém, mudamos o chip para português e lá nos dirigimos ao posto de imigração. Agora falávamos português. É boa a sensação de ouvir falar a própria língua. Pela primeira vez vimos um registo electrónico de dados, reconhecidos pelo código de barras do passaporte. O polícia ficou espantado por virmos de Portugal em carro próprio. Na alfândega passaram um documento de trânsito para o carro. Parecia a primeira vez que o faziam. Notava-se que não estavam habituados aos trâmites da nossa viagem. Pagamos 6400 Kwanza. De seguida era obrigatório fazer um seguro para carro, pelo valor de 6300 Kz.

Estávamos em Angola em tempo útil e agora só tínhamos que descobrir a forma de chegar a Luanda. Tínhamos, no entanto, 30 dias para o fazer, o que nos tranquilizava muito.

Mal iniciamos a viagem começamos a notar algumas diferenças. As estradas eram boas, asfaltadas e iluminadas. Notamos que parecia haver outra alegria nas pessoas. Vimos aquilo que era frequente em Moçambique e que nunca tínhamos apreciado antes. Os miúdos a dançar a beira da estrada, mesmo sem música. Paramos num controlo policial, junto a uma serie de máquinas da Mota-Engil, o primeiro sinal de proximidade do Jonas. A estrada que ai começou, construída por esta empresa tinha excelentes condições. Era a primeira estrada em óptimas condições de toda a viagem. Bom asfalto, boa marcação, a berma era larga e muita iluminação, até na separação central havia reflectores funcionais. Pelo caminho reparamos que havia muitos militares armados, alguns deles que saiam de entre a floresta densa.

Perto de Cabinda consegui falar com o Jonas que se prontificou a ir buscar-nos ao trânsito. Seguimo-lo no seu jipe até aos estaleiros da Mota-Engil. Conhecemos o Engenheiro Tavares, chefe da empresa em Cabinda. Extremamente simpático, prontificou-se a disponibilizar um apartamento da empresa, onde iríamos pernoitar. Tinham combinado um jantar de homens em casa do Engenheiro Tavares, no mesmo prédio onde nós ficaríamos. Era dia de jogo de futebol, da selecção portuguesa contra a da Bósnia para o apuramento para o campeonato Europeu. Aqui começou a imensa hospitalidade dos nossos conterrâneos, desde ir buscar-nos ao trânsito até dar-nos dormida e jantar.

Tomamos um belo banho de água quente, pela primeira vez na viagem e vestimos roupa lavada. O jantar foi excelente. O chefe de cozinha notava-se experiente!!  Massa com lagosta e salada com amendoins e ananás. Fomos conversando, e bebendo super-bock, a primeira da viagem. Falamos da estadia deles em Angola, e sobre o seu trabalho e as excelentes estradas que construíam em Cabinda. Chegaram entretanto os outros convidados: Sr. Júlio, Roque, Eng. Tiago. Todos funcionários da Mota Engil.

Depois do jantar, enquanto Roque e Tiago discutiam pormenores futebolísticos subimos ao terraço do prédio, um dos mais altos da cidade, de onde a vista é espectacular. O que mais nos impressionou foi ver no mar, o horizonte iluminado pelas plataformas petrolíferas. Trabalham constantemente e à noite parecem focos de incêndios. Cabinda é sem duvida uma cidade de exploração de petróleo, sendo os americanos os principais trabalhadores no ramos.

Quando começou o jogo descemos ao apartamento. O Jonas decidiu que seria boa ideia visitar a cidade à noite. Antes do passeio bebemos um copo de Amarula no Hotel Maiombe, um dos mais antigos da cidade, ainda do tempo colonial. Percorremos a cidade de Cabinda durante cerca de 2 horas. Fomos a todos os cantos possíveis até mesmo a Yema, na fronteira com a RDC… interessante chegar tão próximo de um país que nos barra a entrada! Gostamos bastante desta visita. Conseguimos ver a cidade de pontos bem conhecidos do Jonas, que tão bem nos descreveu a cidade com as suas recentes obras, sobretudo as realizadas pelo Mota-Engil e aquelas que estão projectadas.

Depois de uma noite bem dormida num colchão excelente, num apartamento com muito boas condições, levantamo-nos e aproveitamos para tirar umas fotografias da espectacular vista do terraço. Durante o dia é frequente verem-se helicópteros a sobrevoar a cidade entre Malongo e Cabina e as plataformas de petróleo.

A cidade é limpa e muito organizada. Tem uma praça central grande, com um jardim que termina numa igreja. Há muitos edifícios do tempo colonial, que agora servem para residência ou estabelecimentos administrativos. Passeamos um pouco pelo centro de Cabinda e aproveitamos para tomar o pequeno-almoço no Hotel Maiombe.

O Jonas já tinha ido trabalhar e por volta das 10 horas ligou a dizer para nos prepararmos, pois tínhamos que deixar o jipe na força aérea, para embarcarmos no Antonov durante a tarde. Veio ter connosco e fomos ao estaleiro da empresa.

Saímos no nosso jipe em direcção ao aeroporto da força aérea que é continuo com o comercial. Seguíamos o Eng. Tavares e o Jonas que aproveitaram para ver uma das suas obras no próprio aeroporto da Força aérea. Reparamos numa serie de jipes pretos e novos, completamente brilhantes. No dia seguinte esperavam em Cabinda o Vice-presidente do país. E nesse momento esses carros esperavam uma serie de ministros que aterravam desde Luanda.

Esperamos pela chegada do Tenente-coronel Tunas, amigo do Jonas que nos tinha tratado do avião militar para chegarmos a Luanda. A previsão era sair pelas 15 horas. Deixamos o carro com as chaves e saímos do aeroporto. Demos uma volta pela cidade, agora de dia. Levaram-nos ao ponto mais alto de Cabinda onde se podia assistira a vista de toda a cidade. Vimos várias obras da empresa. As queixas deles é que as pessoas não sabem aproveitar o que lhes é proporcionado e destroem aquilo que é novo.

Regressamos ao estaleiro. Enquanto eles foram trabalhar nós ficamos na sala de formação, na internet. Almoçamos juntos, e às 15 horas voltamos ao aeroporto. A nossa estadia em Cabinda estava a terminar e a hospitalidade dos nossos conterrâneos tinha sido excelente. Mais uma vez obrigado ao Jonas e amigos!

No aeroporto estavam estacionados 2 aviões militares. Eram 2 Antonovs. São aviões russos, usados na 2ª guerra Mundial, conduzidos por pilotos Russos, de uma certa idade, uma vez que têm pouca componente electrónica e os pilotos jovens não têm formação para pilotar aqueles aviões tão antigos. Preparávamo-nos para viajar num avião velho sem qualquer registo dos nossos nomes. Já aqui começava por ser uma viagem surreal.

Pelas 17 horas o nosso jipe entra no recinto da pista, conduzido por um militar. Pena que as fotos são proibidas. Lá seguimos a pé pela pista. Estavam a meter o jipe no avião. As plataformas para subir ficavam com uma inclinação íngreme. Iria ser um processo complicado o embarque do jipe. O rapaz que o manobrava estava com dificuldades. Pedimos para nós próprios conduzirmos o jipe. O Pablo conduziu-o pela plataforma, lentamente, mas a inclinação era tal que foi obrigatória a raspagem da bola de reboque no chão. Dentro do avião, prenderam com 4 correntes o chassis do carro ao avião, para o segurar em todas as direcções. Os passageiros começaram a subir. As mulheres estavam carregadas com sacos e trouxas a cabeça, com uma enorme dificuldade a subir a escada do Antonov.

Nas paredes há tabuletas mas tudo escrito em russo, de forma que ninguém entende. Passamos por uma porta de ferro, muito grossa, com uma janela semelhante á escotilha de um barco. Havia apenas 4 lugares sentados que davam para uma mesa central. Estavam 2 rapazes sentados em 2 dos assentos. As restantes pessoas iam junto ao carro, na zona de carga. Havia 3 pilotos que entraram e ocuparam os devidos lugares. Havia botões, alavancas, fios eléctricos por todo o lado, numa confusão incrível. A sala era estranha, tudo muito velho e sujo, havia sapatos soltos pelo chão e a refrigeração era feita por 2 ventoinhas mínimas que começaram a trabalhar assim que iniciou a marcha do avião. O barulho era intenso, pelas 4 helices em funcionamento, mas a marcha era suave. A descolagem foi rápida e sem problemas. Não havia cintos, nem qualquer informação sobre medidas de segurança.

Um dos rapazes que trabalhava no avião informou-nos da dificuldade que as vezes surgem na pilotagem. Por exemplo se o trem de aterragem não sai, é necessário retira-lo com a ajuda de um pé de cabra. E nós dentro daquele avião…  Sem duvida uma experiência única na vida. 

Durante o voo, o Pablo que não desligou o telemóvel, recebeu uma mensagem do roaming a dar as boas vidas a RDC. Não pisamos o solo, mas estivemos perto da fronteira e sobrevoamos o espaço aéreo desse pais tão conflituoso… Quarenta e cinco minutos depois chegou a hora de aterragem. O avião começa a baixar a altitude. A aterragem foi suave, digna de um piloto muito profissional. As mulheres bateram palmas e sorriram. Tínhamos quebrado a viagem por via terrestre mas foi sem dúvida um momento alto desta viagem. E finalmente estávamos em Luanda trazidos num avião que, no passado era carregado de blindados e armamento usado numa guerra tão marcante!

Na pista um polícia pediu os nossos passaportes e os documentos do carro. Não levantaram qualquer problema e orientaram-nos para a saída, dizendo é entre aqueles 2 aviões… Simples!

Mal saímos ligamos a minha amiga de escola e de cidade Ana Torgo. Deu-nos as orientações devidas para sair e esperar por ela no parque de estacionamento do aeroporto 4 de Fevereiro. Assim fizemos. Coincidimos com a chegada do Primeiro-ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, que complicou um pouco o trânsito.

Encontramos a Ana era já noite, e fomos com ela até a Praia do Bispo, onde a sua tia Salett tem um negócio. Mais tarde fomos os 4 para Luanda sul, na área de Talatona, ou seja a nova área rica da cidade, repleta de condomínios de luxo, hotéis e o mais recente shooping da cidade, o Belas Shooping. Por dentro nem parece África. A Salett e Ana receberam-nos como reis depois deste dia fatigante. Tínhamos à disposição uma cama e banho quente e comida na mesa, na companhia de duas pessoas muito simpáticas. Aqui continuou a hospitalidade portuguesa… Obrigado!

 

 

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CONGO: Dukanga – Mila Mila – Dolisie – Pointe Noire (11 – 14 de Novembro)

Chegamos finalmente ao Congo. Os polícias, á paisana, carimbaram os passaportes e perguntaram se tínhamos o Manifest (documento que descreve o percurso de viagem). Não tínhamos mas não levantaram problemas. Era dia 11/11/11, portanto um dia especial… Aquele em que entravamos no Congo… Voltamos a parar em mais 2 controlos no espaço de 100 metros, o ultimo dos quais onde nos deram o passavant para o carro, pelo valor de 10000 CFA.

Ainda havia luz pelo que decidimos conduzir mais alguns km. Sabíamos que os primeiros 10 estavam em piores condições, mas conseguimos percorre-los sem dificuldade. Pelo caminho íamos passando por pequenas aldeias, pobres mas com gente muito simpática. Todos faziam algum comentário e acenavam, sobretudo as crianças que se riam e gritavam touriste… Paramos numa destas aldeias chamada Dukanga, e depois de falarmos com o chefe da aldeia acampamos mesmo em frente a sua casa. Conversamos com as pessoas, sobretudo com as crianças que nos rodeavam. Um dos netos do chefe mostrou-nos o seu quarto forrado a posters em que o Cristiano Ronaldo e outros jogadores surgiam ao lado da imagem de Jesus Cristo.

Na manhã seguinte partimos bem cedo pois tínhamos receio de encontrar maus troços de estrada, em terra batida. Um dos habitantes da aldeia cortou algumas mangas da árvore e entregou-nos desejando boa viagem. Também nós agradecemos deixando ao chefe algum dinheiro para a aldeia. Gostámos de pernoitar ali. 

O caminho na direcção de Dolisie não parecia estar mau. Passamos por muitas aldeias, em cujos extremos estão as campas dispersas pelos campos, por vezes mesmo em frente as casas em adobe. Em Nyanga, uma aldeia com posto de polícia paramos para carimbar o passavant. Na esquadra expõem, num placard, as fotografias de corpos assassinados ou de ladrões perigosos, com a respectiva legenda. Estranha atitude das autoridades! Aqui tive um pequeno confronto com um polícia que me viu tirar uma foto a uma criança a quem tinha dado um brinquedo. Depois de uma conversa tudo se resolveu, mas ai percebi a dificuldade de fotografar neste país.  

Estávamos contentes pois o caminho estava transitável. Começamos a pensar que íamos chegar muito a tempo a Dolisie. Isso fez-nos reconsiderar a ideia de ir a Brazzaville e tentar conseguir o visto para a República Democrática do Congo (RDC). Por isso ligamos de novo a Cônsul portuguesa em Brazzaville. A resposta foi simples. NÃO!!. “Arranjem outro percurso, pois por aqui não dá…” De facto tínhamos tentado informações de todos os lados para saber qual a situação na RDC. Concluímos que não era a altura de arriscar entrar nesse país.

 

Passamos por uma paisagem com muitas colinas arredondadas, cobertas de um manto verde. Não resistimos em subir a uma delas. Paramos o carro e começamos a subir uma das colinas. Desde o alto o carro parecia um ponto mínimo. Cruzamo-nos com muitos camiões, sobretudo chineses que transportam troncos enormes de madeira.  

Almoçamos em Mila Mila e seguimos na direcção de Dolisie. Demos boleia a um casal que seguia a pé na mesma direcção. À chegada a Dolisie fomos parados por 2 polícias. Foram insistentes nos documentos do carro. A longa conversa com o polícia acabou com ele a pedir um “jus”, ao que respondemos directamente que não.  

Não tínhamos local onde acampar pelo que reparamos no Auberge Theresa, mesmo ao lado da casa do presidente (quando ele visita a cidade). Ali ficamos por 5000 CFA, mas o ambiente era estranho e concluímos pelas conversas escutadas que estávamos de facto alojados num hotel onde os clientes recebiam miúdas conseguidas pelos empregados. Enquanto preparávamos o jantar, com a tenda aberta, no parque de estacionamento reparamos nos casais que iam chegando… 

Na manhã seguinte fomos na direcção de Pointe Noire. Para trás ficava Brazzaville e Kinshasa, com os seus conflitos de momento. A estrada era recente. Obra chinesa, notando-se um trabalho árduo e intenso destes operários, com um resultado final excelente. Em certos pontos a linha de comboio que ainda funcionava entre Brazzaville e Poite Noire acompanhava-nos pelas montanhas. É um comboio perigoso, uma vez que se diz que os ninjas ainda continuam a provocar assaltos usando armamento pesado! 

Chegamos a Pointe Noire cedo por volta do meio-dia. Há muitos expatriados na cidade. O grande negócio é a exploração de petróleo. Na entrada perdemo-nos no meio de um mercado, mas logo de seguida, orientados pelo GPS conseguimos chegar ao Clube Náutico, onde acampamos a porta. Aí encontramos outros viajantes que estavam na mesma situação que nós, ou talvez pior. Paul e Maria, um casal de Sul-africanos, informaram-nos da situação deles enquanto nos ofereceram um café. Estavam em Pointe Noire há 5 semanas e esperavam uma solução para seguir a viagem. Não tinham visto do RDC nem de Angola. Já tinham visto outros viajantes a desistir da viagem. Para isso, embarcavam o carro num ferry para a Europa ou África do Sul. Esta opção era cara pelo que eles preferiam sempre esperar e tentar ir por terra. Temiam no entanto o agravamento da situação na RDC, uma vez que após as eleições do dia 28 de Novembro, havia um mês de espera pelo resultado, e era o tempo suficiente para os revoltosos complicarem as situações de segurança no país. Havia um outro Paul, alemão que viajava há 8 meses. Estava também a espera do desenrolar da situação e sobretudo conseguir o visto de Angola. Para além de Paul, havia Tom e Daniel, 2 Ingleses que após terem vários problemas com os carros e sem vistos da RDC e Angola decidiram desistir da viagem. 

Passamos a tarde a actualizar-nos na internet e a passear pela cidade. Falamos com o amigo Jonas que mora em Cabinda e ele confirmou que a melhor opção para a nossa situação era o avião da força aérea uma vez que o barco da empresa Mota Engil não tinha chegado ainda de Luanda. 

O dia 14 de Novembro foi passado a descansar em Pointe Noire. Estava chuvoso, no entanto deu para continuar o passeio pela cidade. Lavamos o carro que estava todo enlameado, de tal forma que Paul pensava que era amarelo… De tarde a chuva parou e decidimos ir até a praia. Ainda não conhecíamos a Costa Selvagem que fica do lado oposto. Encontramos clubes privados, para os funcionários das empresas petrolíferas e que são interditos a outras pessoas. Luxuosos locais repletos de expatriados bem vestidos… Descobrimos um restaurante chinês a beira-mar, onde não resistimos a provar um caranguejo picante, com uma Ngok, cerveja local!

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CAMARÕES: Ekok – Limbé – Yaoundé – Monatele – Meyo – GABÃO: Lambarené – Mouila – Ndendé (2-11 de Novembro)

Al día siguiente a las 6,30 de la mañana estábamos en la aduana pagando el Laissez Passer por 7000 CFA y entregando las fotocopias que no servirían para nada. Un caso más de cómo funcionan las fronteras africanas. Nos despedimos del tipo que nos quería cobrar una pasta por ayudarnos a pasar el camino enfangado, le decimos que no tenemos dinero para pagarle, aun así nos da su teléfono para llamarlo si nos quedamos atrapados. Iniciamos camino, por lo que serían los peores kilómetros del viaje. Aquello que temíamos era cierto, un camino en medio de la floresta tropical completamente enfangado, alternándose con centenas de metros de tierra firme, en los que nos alegrábamos y contábamos los metros recorridos, hasta encontrarnos nuevamente con otros tramos prácticamente intransitables. Auténticas pozas de barro y agua donde el coche en primera y con tracción, difícilmente andaba. Golpeaba en el fondo con piedras y trozos de troncos. A veces el coche parecía enterrarse para nunca más salir. En dos ocasiones encontramos un “mejor desvío” a cambio de dinero, pero casi estaba peor que el original. No vimos coches en nuestro sentido, solo motos que casi desparecían en las zonas más complicadas. Y ayudamos a sacar otro todoterreno que estaba hacía más de dos horas atascado en una subida fangosa y solo salió tirando con nuestra “eslinga”. En los últimos kilómetros, el coche encalló y tuvimos que echar mano de las placas y de las palas. Estuvimos una hora quitando barro de debajo del coche, mientras el calor de un sol fuerte atraía una moscas pegajosas. Fueron momentos realmente difíciles y 3 horas para 25 kms. Realmente una experiencia inolvidable. El camino hasta Mamfe estaba algo mejor. Después decidimos ir en dirección a la costa: pista de tierra hasta Kumba. El camino resultó estar en peor estado de lo que pensábamos y a pesar de pasar un escenario espectacular de ríos y cascadas en medio de la selva, encontramos muchas zonas completamente anegadas de fango. En varias ocasiones nos tuvimos que parar para quitar fango de las pastillas de los frenos. En unas cascadas aprovechamos para lavar los zapatos y la ropa. Pasados unos 70 kms llegamos a Nguti bajo la lluvia y empezó una carretera de asfalto en muy malas condiciones con grandes agujeros de agua y barro. Nos dimos cuenta que los frenos fallaban y el freno de mano no funcionaba. Se nos hizo tarde y decidimos hacer noche en una aldea, Tandalaye, tomando unas cervezas con los habitantes para relajar del duro día.

Tras una noche de lluvia intensa, los aldeanos nos regalan bananas y continuamos camino con un estudiante de la aldea que iba para la ciudad. Más caminos difíciles y paramos en Kumba. Con ayuda del estudiante cambiamos las pastillas de los frenos y ajustamos el freno de mano, y seguimos ahora por carretera asfaltada encontrando numerosos ríos con personas lavando sus coches o motos dentro. También otros que venden en la carretera pequeños animales herbívoros cazados en la floresta. El estudiante nos dice que a veces venden hasta carne de elefante, primates y algunos antílopes. Mercado negro.

A nuestra derecha aparece el Monte Camerún, de 4095 m de altura, siendo el más alto de la costa oeste africana y el segundo en toda África después del Kilimanjaro. Se trata de un volcán activo con erupciones frecuentes, y con su ladera llena de palmerales que se pierden en las nubes.

Llegamos a Limbe y se baja nuestro compañero de viaje. Es una localidad de destino turístico para muchos cameruneses. Acampamos en Elisat Restaurant en Batoka Beach, milla 8 después de Limbe. Damos un paseo por la playa de arena negra volcánica y comienza una lluvia torrencial. Cervecita para relajar y cenita de bacalao con garbanzos en medio de una autentica oscuridad, con enormes sapos y cangrejos a nuestro alrededor.

Después de otra noche lluviosa, nos ponemos en camino. Son más de 300 kms hasta  Yaounde, la capital. Pero queremos llegar antes de las 3 a ver si conseguimos entregar al menos el pasaporte en la embajada de Gabón, cuyo visado puede tardar un par de días. El camino es por carretera asfaltada en muy buen estado y atravesamos Douala con intenso tráfico y tromba de agua. Una vez en Yaounde encontramos intenso tráfico, hay cortes de calles porque se celebran 7 años más del actual presidente que está en el poder hace más de 29 años. Es Paul Biya.

Es viernes, y nos pasamos por las tres embajadas en las que tenemos que conseguir visado:

1. En la embajada de Gabón, que hasta el martes no hay nada que hacer. Tarda 24 horas, 70000 CFA por cada visado.  

2. En la de R.D.C. (República Democrática del Congo) nos dicen que ni hablar, que si no somos residentes no hay visado, ni siquiera con medidas persuasivas. Que intentemos cuando lleguemos a Brazzaville (Congo).

3. En la del Congo, también cerca, y nos dicen que volvamos el martes que se puede sacar en el mismo día, por 100000 CFA.

Por tanto unos tres días de espera con el fin de semana. Comemos en un restaurante cercano donde retransmiten la ceremonia religiosa del presidente, y en el momento de dar la paz, dos chicos y dos chicas se levantan de la mesa y vienen hacia nosotros para estrecharnos las dos manos, mientras un par de ratones corren por debajo de la mesa. Nos quedamos a dormir en una Guesthouse de la Iglesia Presbiteriana, en lo alto de una colina junto a los depósitos de agua y vistas panorámicas de la ciudad. Hoy toca cuarto con cama.

Al día siguiente encontramos para desayunar una boulangerie, café con leche, tortilla de verduras, pan, napolitana de chocolate y zumo de naranja, un lujo.

Según las previsiones del tiempo, lloverá en los próximos países, es el inicio de época de lluvias, y pensamos en los futuros caminos intransitables y, según nuestros cálculos estamos justos de tiempo para llegar a la frontera con Angola. Nuestro visado de Angola caduca en unos 10 días y si no llegamos a tiempo nuestro viaje podrá llegar a su fin porque conseguir otro visado en la frontera es complicado, y de ser así sería de 5 días y no de 30 días como el que tenemos.

Hoy, un día sin atascos, la ciudad nos parece más amena, muchas colinas y muy verde. La plaga de taxis se cuelan por todos lados, dueños de las calles. Son frecuentes los vendedores de zapatos que deambulan por las calles con dos-tres pares a la venta, con un ejemplar en la cabeza. En África, todo es posible transportar en la cabeza, nadie se espanta. Hoy mismo vimos a un chico llevando una máquina de coser sin agarrar con las manos. Ni en el circo…

Los tres días siguientes decidimos pasarlos en Monatele junto al rio Sanaga, a una hora de la capital. La carretera es muy buena y un día de sol espléndido. En un check point cerca del destino, un policía después de hojear nuestros pasaportes, nos informa que hay un centro turístico junto al rio donde podremos acampar. El mismo policía nos dice que luego se pasara para hacernos una visita. Es el Centre Touristique, en la margen sur del rio. Cuando llegamos hay una celebración política y aparece el alcalde de Monatele diciéndonos que están de obras para mejorar las instalaciones pero que podremos pernoctar. Por el precio de los bungalows, completamente básicos, no vale la pena acampar. Decidimos quedarnos los tres días, para descansar, aprovechar para lavar ropa, pasear por el rio y dar descanso al coche. Acabamos por hacernos amigos del alcalde, de los empleados del complejo turístico y del policía del check point que apareció para conversar y tomar una Isembeck, la cerveza que nos acompañó durante todo el tiempo en Camerún.

Después de estos tres días ociosos, volvemos a Yaounde. En internet recibimos mensaje de la cuñada de los portugueses para avisarnos de que éstos, habían sido retenidos en Kinshasa (RDC) por dos días. El visado sacado en Brazzaville para entrar en R.D.C. no les servía, no sé por qué razón habían sido deportados de nuevo al Congo. Y ahora intentan entrar en Cabinda (Angola) por Pointe Noire. La embajada portuguesa había intervenido. La noticia nos dejó planchados. Contactamos también con la embajada de España en R.D.C. que nos dice que la situación está complicada en el país. Teníamos que pensar en un plano “B” de la ruta a tomar.

Al día siguiente nos presentamos en la embajada de Gabón, y dejamos los pasaportes, en 30 horas estará listo, mas probablemente a las 3 del día siguiente. Para relajar nos vamos a almorzar larvas de bambú cocinadas. Y contactamos con un amigo de Carlos (Jonas) que vive en Cabinda y que nos ayudará en el plano alternativo para entrar en Angola si tenemos problemas para atravesar R.D.C.

Por la tarde visitamos el Museo de Arte, en el monasterio benedictino con esculturas y estatuas interesantísimas y luego, un precioso lago dentro de la ciudad.

Al día siguiente nos pasamos por la embajada de Congo, explicamos que nuestros pasaportes están en la embajada de Gabón, pero que queremos salir en el mismo día. Una encargada del Congo nos hace el favor de ir personalmente a la embajada de Gabón a recoger nuestros pasaportes para dar visado del Congo también en el mismo día. Mientras tanto decidimos esperar en el bar de un centro cultural africano cerca de las embajadas y aparece la encargada congolesa que nos pide pagar directamente el almuerzo a ella y a dos más por el favor. No tenemos otra opción que “invitarlos”. A las dos de la tarde teníamos en mano el pasaporte con los dos visados. Y nos dirigimos hacia la frontera con Gabón.

El paisaje vuelve a ser tropical con una vegetación rebosante hasta la carretera que está en  buenas condiciones. Es frecuente encontrar numerosas placas negras con forma de figura humana avisando de lugares donde murieron personas por accidente o atropello. Pasamos Ebolowa y acabamos por dormir a unos 80 kms de la frontera en una aldea llamada Meyo Centre. En medio de una curiosidad de aldeanos, junto a una iglesia católica, y con el ruido incesante de fondo de la jungla que nunca duerme.

Todavía no sabemos muy bien qué hacer, parece que los amigos portugueses no habían podido pasar de Kinshasa por las próximas elecciones en el país, y nos preguntábamos si pasarnos por Libreville, capital de Gabón y tentar conseguir allí el visado para RDC. Y atravesar por Mindouli. Pero, no parecía fácil ni seguro, y quizás perderíamos varios días y no poder entrar en Angola.

Al día siguiente llegamos a la frontera con Gabón, atravesamos por Kye-Ossi. Aunque hay otra entrada más hacia el este, pero se juntan las dos en Bitam al otro lado de la frontera. Para la salida, primero tuvimos que ir a la aduana donde nos obligaron a pagar unos 10000 CFA para salir con el coche, con una pequeña discusión con la policía porque exigimos un recibo. Después pasamos varios controles donde anotan nuestros datos hasta que en uno de ellos nos sellan los pasaportes.

Una vez en Gabón, compramos el Laissez Passer por 5000 CFA y sellamos entrada, en Bitam. La carretera es magnífica y el paisaje espectacular. La vegetación exuberante llega hasta la carretera y hay empleados del gobierno con cortadoras de hierba mecánicas en ambas márgenes de la carretera. Y llegamos al Ecuador, latitud 0, parada obligada para tirar unas fotos y dejar una pegatina del blog pegada en la placa. El hemisferio Sur nos recibe con un pedazo malo de carretera hasta Ndjole. Y continuamos sin saber muy bien qué hacer, si desviarnos para Libreville para intentar conseguir visado de RDC o seguir hasta Lambarene, y olvidar el RDC entrando en Angola por Cabinda. La decisión no es fácil, ya que Cabinda es un enclave de Angola separado del resto del país por una franja del RDC y solo tenemos visado de una entrada. Telefoneamos a los portugueses que tuvieron problemas y nos dicen que ni hablar, que no vamos conseguir atravesar por RDC, hay elecciones y que los visados que no son emitidos en los países de origen no valen. Así que solo tenemos una opción, llegar a Cabinda para asegurarnos la entrada en Angola y luego se verá.

Continuamos para Lambarane. Es una ciudad espectacular asentada en una isla rodeada por el río Oogue y, por tanto tiene tres partes: una margen oeste, la isla y la margen este. Tras pasar el segundo puente la policía nos para sin más y nos pide dinero. Amablemente evitamos pagar. Buscamos algo para dormir pero todo es caro. Cenamos en un restaurante donde nos la clavan claramente. Y dormimos en un complejo de bungalows llamado Les Sirenes junto a un brazo del rio, la dueña nos deja acampar gratis. Esto nos compensa la clavada del restaurante.

Al día siguiente en Lambarene visitamos el hospital de Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz en 1956. Un médico nacido en Alsacia que a principios del siglo XX creó un hospital aquí para tratamiento de enfermedades tropicales. Vistamos su casa museo y el antiguo hospital, con su sala de operaciones e instrumentación quirúrgica, incluyendo la urológica. Hoy en día existe una fundación para el hospital nuevo. En un día amenazante de lluvia, continuamos el viaje en dirección a la frontera del Congo. Es un largo viaje por carretera muy buena, pero la lluvia se intensifica y el cielo plomizo parece caerse encima de nosotros. Vamos en dirección a Mouila, donde la carretera para Ndende se convertirá en pista de tierra, y tememos que en ríos de barro. En el camino somos parados por una pareja de viajeros alemanes que va en sentido contrario. Se han dado la vuelta. Nos avisan que la entrada en RDC es imposible, y que no están a dar visados para Angola en el Congo. Y que las calles de Mouila a donde nos dirigimos, son ríos de agua. Y que en el Congo los caminos están prácticamente intransitables. O sea, unos 400 kms complicados. Ellos, se vuelven en dirección a Libreville donde meterán el coche en barco en direcciona a Cape Town, acabando así su sueño de viaje trans-africano. Nosotros decidimos avanzar.

Continuamos muy preocupados, pensando que no vamos a llegar a tiempo de llegar a Angola o quedarnos atrapados en los caminos enfangados del Congo.

Llegamos a Mouila donde efectivamente se nota que ha llovido muchísimo, pero conseguimos pasar y continuamos unos 70 kms hasta Ndende por pista de tierra con algunas zonas más complicadas, ya cerca de la frontera con el Congo. Aquí parece que el tiempo no esta tan mal, y sellamos la salida de Gabón sin problemas. Solo nos faltan unos 40 kms hasta la frontera de tierra más dura. Esto nos anima, quizás el Congo no esté tan mal como nos habían informado.

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