TÂNZANIA – segunda parte

De vuelta al continente en Dar el Salaam y reencuentro con Djambo (con alguna que otra heridita secuela de “fiestas” perrunas). 20140512_1809_Canon5DY programamos subida por la costa de Tanzania para luego meternos hacia el interior. Encontrar gas para rellenar nuestras botellas de “camping gas” no es nada fácil, para los interesados, preguntad en la capital cerca del Safari Inn. Una tienda de un tanzanés con rasgos indios y musulmán os cobrará rellenar la botella de tres litros como si él mismo lo trajese a pie desde Arábia…nos acordamos de su “santa” madre y del cuento de “Ali Babá y los cuarenta ladrones”.

La salida de Dar el Salaam, otra tortura, rumbo al norte llegamos a Bagamoyo, ahora en decadencia, pero fue capital en sus tiempos memoriales, y famoso por la ruta de los esclavos y la entrada de misionarios europeos para la difusión del catolicismo. En el siglo pasado también sufrió bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, fruto del interés logístico por esta ciudad entre alemanes y británicos. Hoy en día, una ciudad tranquila con edificios decadentes cuyo municipio pretende que los turistas paguen una tasa altísima y absurda sólo por pasearse por la ciudad a pie y ver las fachadas de los edificios. Encima a llover a cántaros. Obviamente que nos negamos a esa artimaña turística y nos paseamos en nuestro coche por la ciudad y visitamos a las afueras, el Museo católico y la Misión Católica, donde la iglesia, una vez más araña los shillings a los pocos turistas que por allí pasan. Insistiendo una y otra vez con carteles y a viva voz que no se tira una foto de la fachada sin antes pagar en la Vicaría…enfin. Recomendado comer un “chipati” en el restaurante Poa-poa.

Al día siguiente vamos en dirección a Tanga, más al norte y también en la costa. Las lluvias nos han cortado una carretera de salida desde Bagamoyo a la nacional por lo que tenemos que ir por una pista de tierra alternativa llena de barro y charcos hasta Mlandizi para enganchar con la nacional y llegar hasta Segera Junction. Decidimos ir entonces a Pangani Beach y acampamos un par de días junto a la playa en Peponi Beach Resort. Sitio espectacular y tranquilo para overlanders.

Tras el merecido descanso de dos días con buen tiempo, continuamos viaje hasta Moshi, ciudad en la base del Kilimanjaro y puerta de entrada a las varias rutas de subida a tan mítica montaña. El día está nublado por lo que el monte ni se ve. Nos acercamos a la oficina DHL y tenemos suerte: El CPD del coche acaba de llegar!!!!! Gracias Raquel!! Ahora podremos entrar con el coche en los países vecinos. El famoso camping Honey Badger está cerrado temporalmente, así que acampamos en Key Hotel. Al día siguiente también está nublado y el Kilimanjaro sigue oculto. Aprovechamos una vuelta por la ciudad y una visita al Hospital KCMC, con quien ya habíamos intercambiado algunos e-mails con posibilidad de trabajar hace 3 años. Tras una gran espera para hablar con jefe de Servicio de Urología, éste nos despide rápidamente diciéndonos que es difícil un contrato nacional, que sólo con patrocinio de ONG (imposible). Después de visitar el ala de Urología y consultas, comprobamos la saturación por el gran número de pacientes. Aún así, conseguimos hablar con la Administración y Dirección del Hospital. Pero por increíble que parezca no parecen muy interesados, y cogen nuestros datos para decirnos que volvamos la semana siguiente…ja ja!

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Cambiamos de camping a uno en una de las entradas al Kilimanjaro, el Coffee Tree Campsite (en Marangu, en zona de etnia Chaga de mayoría católica), y nos alojamos en Bungalow barato cuyo cuarto tiene 7 cuadros con motivos de la montaña. Nos informamos de la posibilidad de subir hasta la cima, pero decidimos que solo vamos a hacer un ascenso hasta el primer campamento y volver en el mismo día. Está todo tan organizado que lo mínimo para subir son 5-6 días y por un precio de al menos 1300 USD por persona. Sin duda, es una gran fuente de rendimiento para el país. Lo ha convertido en parque natural y pagas una “pasta” por cada día dentro, además del permiso de entrada, comida, porteadores de comida y ropa, guía obligatorio apesar de estar muy bien definidas las diferentes rutas. Solo la palabra “Kilimanjaro” (montaña blanca en swahili) huele a marketing y a dinero. Hay turistas que vienen desde Europa o otros continentes, no conocen nada de África pero llegan en avión a Moshi, suben a la cima (a veces en grupos tan numerosos que saturan los campamentos) y a veces por el tiempo nublado (casi siempre) ni ven la montaña en medio de la niebla y vuelven a sus países con la gratificación de haber estado en África y en el punto más alto del continente. Este día tenemos suerte y tenemos la mañana con cielo limpio permitiéndonos llegar desde los 2000 hasta 2700 metros altitud y contemplar los 5896 m del Kilimanjaro (con escasa nieve en su cima) y los 5149 m de su vecino Monte Hans Meyer Peak. La sensación es buena pero tampoco para ” tirar cohetes”. Sin duda que hay sitios más maravillosos en África.

20140518_2138_Canon5D 20140518_2393_Canon5DDespués de estos días en la zona, continuamos hacia Arusha, puerta de territorio Masai, y de los grandes parques del Ngorongoro Crater y del Serengueti entre otros. Dejamos Arusha a la izquierda y el Volcán Meru de 4566 m. Y después te adentras en terriotorio masai con grandes planicies y lagos maravillosos. En direción a Karatu y junto a la carretera vemos un grupo de chicas masai ataviadas con sus vestidos morados y adornos de collares en blanco y decidimos parar. En ese momento soy picado por unas abejas en la cabeza y son unas señoras masai que con sus salivas y sus dedos me tirar el aguijón. Y al mismo tiempo nos aparece un chico masai en moto con su padre, jefe de una aldea. En inglés nos dice que está casado con una blanca holandesa y tras una agradable conversa nos invita a una ceremonia religiosa de varias aldeas a donde se dirigen las chicas masai. Nos insiste que no tenemos que pagar nada. Y es extraño porque aquí todo se paga, las excursiones de turistas a poblados masai se pagan todas y no es barato. Pero Enmanuel, que así se hace llamar, nos repite que somos sus convidados y podemos sacar tantas fotos como queramos. Vamos campo a través hasta una aldea donde se reunirán los habitantes de otras vecinas que acuden a pies bailando y cantando. No dábamos crédito a lo que estábamos viendo, metidos en aquella espectacular ceremonia llena de luz, sonido y ritmo de sus famosos saltos masai. Inolvidable. Y sin ningún otro blanco alrededor. Al final de la ceremonia nos invitaron a comer carne cruda de cabrito, pero simulamos que comimos un pedazo y luego negamos educadamente.

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Nos marchamos con nuestro nuevo amigo y su padre que dejamos en aldea cercana y como era tarde para continuar viaje hicimos noche en su Zebra Lodge, modesto negocio montado con su mujer blanca holandesa en el cercano pueblo de Mto wa Mbo, cerca del lago Manyara.

20140519_2531_Canon5D Visitamos el Lago Manyara lleno de flamencos, antes de inciar camino hasta Karatu. Aquí tratamos de todo para poder entrar en el famoso cráter de Ngorogoro, que junto con el Serengueti, son los mejores lugares de Safari en Tanzania. Sólo dan permisos de 24 h, y una simpática pareja de israelitas backpackers (Daniel y Jabel) se apuntan con nuestro coche para abaratar costes. Volvemos a dejar a Djambo una noche más en camping de Karatu, y nos informamos que si queremos entrar en Serengueti (que está mas al oeste) tendremos que dar una vuelta de 700 kms por razón de nuestro perro. A pesar del frio (el cráter está a unos 2000 m), vale la pena y vemos multitud de animales incluido leones. Acampamos en uno de los campings en lo alto del borde del cráter y pasamos quizás la noche con más frío que recuerde en Africa, a pesar de la gran hoguera que hicimos.

Vuelta a Karatu, recogemos a Djambo e iniciamos viaje para poder llegar al Serengueti desde el Lago Vitoria. A pesar del trayecto incierto en nuestros mapas y de las dudas de los locales, nos metemos por caminos de tierra intentando bordear el Lago Eyasi. IMG_7222Paramos en Gorofani, donde conocimos a un grupo de antropólogos americanos que estudiaban las bacterias de las heces de los “Bushmen”, tribus nómadas de esa región que tienen poco contacto con costumbres y alimentación más civilizada. Por esta zona aprovechamos para visitar tres tribus diferentes: los “Blacksmith” que son básicamente herreros, los ” Datonga” que se dedican al ganado y que sus mujeres está llenas de tatuajes, y muy simpáticas, y los “Bushmen” nómadas que cazan con arco y flecha y comen monos ” a la brasa”. Es posible ir con ellos de caza…pero no hay mucha suerte, sólo un pequeño pájaro.

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Continuando por el Lago Eyasi, por paisajes increíbles, y nos adentramos en una zona ” off the beaten road”. Solo nos cruzamos con pastores masai y los caminos de tierra se bifurcan en laberintos. Nuestro GPS no reconoce nada, solo que vamos en dirección suroeste. Y nadie habla una palabra de inglés, solo swahili. Después de perdernos varias veces, nos enteramos que el cruce de un río a unos kms más adelante no es posible por la crecida del rio. Al final encontramos en una aldea mayor (Matale) a un camionero que nos da una lista con el nombre de 10 aldeas que tendremos que pasar para poder llegar hasta una carretera asfaltada que nos guiará a una carretera nacional. El camino, a veces ” de cabras” nos lleva casi todo el día. Finalmente conseguimos llegar a Nzega, en la nacional, donde pasamos la noche en el Gift-Land Bar-Lodge, muy cansados pero contentos por el día de gran aventura.

Desde Nzega continuamos por Shinyanga en dirección al lago Victoria, para después bordearlo en dirección norte hasta Ndabaka Gate, la puerta más al oeste del Serengueti. Acampamos a un Km de la entrada en Stop Over Lodge, donde dejaríamos a Djambo en los dos días siguientes. El Serengueti tiene varias puertas de acceso, pero es un área muy extensa sin vallas, por lo que esa tarde algunos elefantes se aproximaron al camping. En el Serengueti, fuimos en dirección a Seronera, a unos 150 kms al interior y conseguimos ver cientos de ñus en su migración cruzando el río Grumeti. Sin duda el paisaje es increíble y la gran cantidad de animales también. Por la noche en el camping público cerca de Seronera, tuvimos una visita de una hiena que se llegó hasta mi a un metro. Después del chorro adrenalínico, conseguimos dormir con el ruido de fondo de leones cerca.

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Obviamente hay muchos turistas en el Serengueti y cuando alguien descubría un leopardo en un árbol, se conseguían ver casi 15 todoterrenos de compañías de safaris alrededor.con nuestro Toyota blanco con matrícula de Cádiz, destacando en los camuflados jeeps. Hablar de los turistas de safaris, sus comportamientos y ropas…merece un capítulo aparte.

Después de vistar esta ” Meca” de los Safaris nos dirigimos otra vez hacia el oeste para encontrarnos nuevamente con nuestra mascota y continuar viaje, no sin antes tener un pinchazo en medio de la “animalada”.

Al día siguiente bordeamos lago Victoria en dirección Mwanza, importante ciudad tanzanesa junto al lago, sobre colinas de piedras y barrios pintorescos en las laderas. Aprovechamos para una rápida visita antes de coger un ferry hasta Kamanga. 20140524_4160_Canon5DDespués de unos 45 min de travesía, nos vamos despidiendo de los simpáticos tanzaneses en dirección a la frontera con Rwanda. Tras unos 40 kms por interminable camino de tierra, llegamos a Sengerema donde empieza carretera asfaltada que seguiremos hasta localidad de Bwanga donde dormimos en cuarto del peculiar Mponela Lodge. Sería nuestra última noche en este fantástico país.

 

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